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Todo el mundo le recuerda con el tricornio puesto, en medio del hemiciclo del Congreso y disparando al aire mientras confinaba a todos los diputados debajo de sus escaños. Pero los relojes no paran nunca, ni siquiera a punta de pistola: Aquel osado militar que entonces desafió a la democracia es ahora un jubilado de 75 años que, como muchos españoles de su edad, pasa la mitad de su tiempo descansando en las playas de nuestras costas.
Le expulsaron de la Guardia Civil y fue condenado a 30 años de cárcel por su asalto al Congreso de los Diputados en febrero de 1981, el ya acuñado 23-F. De eso, sin embargo, hace ya 25 años. Ahora, un cuarto de siglo después, el ex teniente coronel Antonio Tejero vive a caballo entre Madrid y la Costa del Sol.
Más de nueve años después de haber obtenido la libertad condicional, el hombre que pistola en mano asaltó el Congreso guarda ahora un mutismo público que sólo rompe en ocasiones especiales. El mes pasado fue una de esas excepciones, cuando el ex militar publicó una carta abierta en la que pedía un referéndum sobre el Estatuto catalán, al que calificó como un intento de "mandar España a tomar viento".
Sin embargo Tejero no suele aparecer en la esfera pública. A sus 73 años lleva una vida tranquila con su familia y no quiere hacer declaraciones a la prensa, tal y como ha explicado recientemente un familiar suyo.
Días de playa y piscina
Natural de Málaga, vive a medias entre Madrid y el municipio malagueño de Vélez-Málaga, donde antaño estuvo destinado como mando de la Guardia Civil, según recuerdan algunos vecinos.
Allí lleva una vida normal y en verano se deja ver en la playa o en la piscina, acompañado siempre de su esposa.
Tejero Molina suele acudir a la popular feria de agosto de Málaga y en agosto de 1995 estuvo presente en el entierro del ex ministro franquista José Antonio Girón de Velasco en el cementerio de Fuengirola (Málaga).
Es uno de los vecinos más antiguos del edificio de viviendas al que acude por temporadas en Torre del Mar desde hace muchos años. Precisamente cerca de esta localidad uno de sus hijos, que es sacerdote, ejerce como párroco en una iglesia.
El juicio
Tras el golpe de Estado fallido los cabecillas de la intentona del 23-F fueron juzgados ante el Consejo Supremo de Justicia Militar. Al final del proceso, Antonio Tejero fue condenado a 30 años de cárcel.
Doce años después una asociación de mujeres de militares solicitó su indulto, pero la petición fue denegado por el Gobierno.
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En la cárcel comenzó a pintar cuadros que llegaron a venderse por encima de las 400.000 pesetas
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En septiembre de 1993 Tejero logró el tercer grado penitenciario, que sólo le obligaba a pasar la noche en prisión. Tres años más tarde, en 1996, quedó en libertad condicional tras cumplir poco más de la mitad de la pena que le había sido impuesta.
En su etapa en prisión se dedicó a pintar, además de cultivar un huerto y escribir sus memorias. Una vez que obtuvo la libertad condicional continuó con la creación artística de paisajes y retratos, unas obras que llegaron a venderse por encima de las 400.000 pesetas de las de antes 2.400 euros de los de ahora.
Golpista reincidente
Antonio Tejer nació el 30 de abril de 1932, ingresó en la Guardia Civil en 1951 y fue jefe de la Comandancia de este instituto en Guipúzcoa, de donde tuvo que pedir el traslado forzoso a raíz de unas declaraciones públicas contra la legalización de la ikurriña.
Ya destinado en Málaga, desautorizó una manifestación previamente permitida, ya que en su opinión España estaba de luto tras la muerte en atentado del presidente de la Diputación de Vizcaya. Esta rebeldía le costó entonces un arresto.
Fue expedientado en 1978 por su carta abierta al Rey en "El Imparcial" en la que mostraba disconformidad con la Constitución. En noviembre de ese mismo año fue arrestado de nuevo al aparecer su nombre ligado a la Operación Galaxia, que pretendía acabar con la naciente democracia española.
Esa primera intentona golpista le costó a Tejero siete meses y un día de cárcel. Pero el curso de la Transición española no terminaba de convencer a una parte el ejército, y tres años más tarde Tejero encabezó una segunda y última empresa: el 23-F.
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