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MAYTE CARRASCO
24 de octubre de 2007
El nacionalismo xenófobo crece en Rusia, que vive una ola de intolerancia neofascista que ha dejado ya 31 muertos y decenas de heridos. Las autoridades reconocen que la violencia se ha convertido en un problema de extrema gravedad. Según el Gobierno, hay unas 6.000 organizaciones de cabezas rapadas en el país.
Los ataques racistas son un fenómeno cotidiano, que sigue creciendo y que puede convertir a Rusia en la Alemania de los años 30. La guerra de Chechenia, el terrorismo o el control de las mafias en el Cáucaso han disparado los sentimientos racistas. Rusia es una sociedad mestiza, en la que conviven 150 nacionalidades. Los caucasianos y los asiáticos son las víctimas predilectas de estas bandas.
El Gobierno aprobó una ley contra el racismo y la xenofobia, que está teniendo resultados nulos, informa Mayte Carrasco desde Moscú.
 Imagen de una de las agresiones racistas.
Algunas de sus acciones violentas son colgadas en Internet por los propios skinheads. En los vídeos se ve como bandas de cabezas rapadas se acercan a inmigrantes y sin mediar palabras les propinan una paliza.
Ser extranjero en Rusia supone estar en alerta las 24 horas del día. Rita, que es de Madagascar lo sabe: "Vivo atemorizada. Estoy alerta constantemente, en la calle, en mi casa. Tengo miedo hasta de los vecinos.
El número de víctimas este año se eleva a 31. Las dos últimas se produjeron el pasado fin de semana cuando dos hinchas del Spartak de Moscù los apalearon hasta la muerte.
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