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Conmoción en el barrio de Bagdad donde una bomba segó la vida de la mayoría de sus niños
 Desolación en Iraq tras la sepultura de los niños fallecidos en el atentado
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AGENCIAS
14 de Julio de 2005

Entre llantos las madres de un barrio de Bagdad espoleaban a los asesinos de sus hijos: sólo habeis matado a un soldado norteamericano y os habeis llevado con él la vida de 25 niños iraquíes. Ocurría en el entierro de uno de los 27 menores que murieron ayer al estallar un coche bomba cuando trataban de conseguir una de las golosinas que estaban repartiendo soldados norteamericanos.

Mohamed Radi y Alaa Mohamed empezaban a saborear una tableta de chocolate que les habían regalado los soldados estadounidenses cuando un suicida les segó la vida.

En la morgue de la capital iraquí, Radi y Mohamed, vestidos con camisetas, todavía tenían en sus manos el envoltorio azul de las chocolatinas. En el lugar de la tragedia, decenas de pares de sandalias estaban desparramadas en el pavimento o nadaban en sangre, junto a brazos despedazados y a juguetes con forma de pato que llevaban pegada la bandera estadounidense, chucherías y chocolates.

"Los estadounidenses, informados de la presencia del coche bomba, llegaron con dos Humvees (blindados) y un tanque y cerraron la vía rápida. Pidieron por altavoces a los automovilistas que abrieran sus maleteros y capós para registrarlos", comentó Amir Hamad, de 13 años, señalando a la autopista que se ve desde allí. "Luego bajaron aquí, volvieron a verificar algunos coches, y, una vez tranquilos, comenzaron a repartir juguetes y golosinas entre los niños del barrio", añadió.

"Mi amigo Abas se abalanzó, le pedí que me esperara, pero se echó a correr. En ese momento llegó un coche detrás de él por una calle lateral y estalló. De Abas sólo queda una sandalia", agregó, visiblemente emocionado.

Dos casas fueron destruidas por la explosión. Una de ellas quedó completamente calcinada y, según un habitante que no ha querido revelar su identidad, murieron las cinco personas de una misma familia que vivían en ella. En la calle, se quedaron huérfanas unas bicicletas con los tubos torcidos.

"Sólo destruyeron una vida estadounidense, pero mataron a decenas de niños", gritó, desgarrado por el dolor, Hasán Mohamed, quien perdió a su hijo Alaa, de 13 años, y no se explica por qué arremeten contra civiles. "Los que hacen esto no son resistentes, sino criminales. Que salgan a la luz del día", afirmó desafiante Husein Radi, a quien mataron a su hijo de 11 años.

Cuando Abú Amed salió a buscar al suyo, solamente encontró su bicicleta.

Radi Hamud halló vivo a su hijo Husam, de 13 años, pero sin piernas y en un estado crítico. "Mataron a todos los niños del barrio", afirmó entre sollozos.

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