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BELÉN TOLEDO 18 de julio de 2005
Espías infiltrados, conversaciones de alto nivel en el seno de la CIA, propuestas de asesinato de grandes líderes... No es el guión de una película, sino un informe de la CIA que cuenta las operaciones de EEUU contra Castro a principios de los años 60. Los documentos estuvieron ocultos a la opinión pública durante años y ahora un profesor estadounidense los ha publicado en Internet.
Estados Unidos trató por todos los medios de impedir que Castro llegara al poder en Cuba en 1959 y poco más tarde, en 1961, dirigió la invasión de la oposición al régimen de Fidel a la isla, en el famoso episodio de Bahía de Cochinos. Esto no es nuevo.
Lo que no conocíamos eran todos los detalles de la preparación de la invasión por parte de los servicios secretos de EEUU. Se creía que estaban ocultos al público, que como la mayoría de la historia de la CIA, estaban protegidos bajo la pesada losa del Top Secret.
Sin embargo, un profesor de Estados Unidos llamado David Barrett ha descubierto un detallado informe
sobre los planes de la Inteligencia americana respecto a Cuba. Fue elaborado por el historiador de la CIA Jack Pfeiffer y al parecer se desclasificó entre los documentos que se utilizaron para investigar el asesinato del presidente Kennedy.
La incompetencia de la CIA o sus estrechas relaciones con la oposición cubana en el mismo inicio del régimen que todavía hoy controla la isla, son algunos de los puntos de este informe. Tampoco se ahorra detalles sobre las declaraciones de algunos altos cargos de la Inteligencia norteamericana acerca de la conveniencia de asesinar a Fidel Castro.
Espionaje y guerrilleros en plena Guerra Fría
Situemos la acción: en 1957 el mundo está dividido en dos bloques. Los presidentes de las dos superpotencias que los dirigen, Estados Unidos y la URSS, duermen con el oído pegado a sus servicios de espionaje, y el dedo perennemente posado en el botón de on de la bomba atómica. No para hacerla explotar, en principio, pero sí para que el adversario se piense dos veces cada movimiento.
Las dos potencias buscan asegurar sus zonas de influencia y someter a sus órdenes a los gobiernos de cuantos más países mejor. Por supuesto, lo más importante para EEUU y la URSS es tener controlados a los estados que tienen más cerca.
En este ambiente caldeado, se desata una revolución en Cuba con gran presencia de ideologías de la izquierda. Esto quiere decir que el comunismo soviético, el principal enemigo de Norteamérica, iba a tener un aliado en el vecino de abajo de los Estados Unidos.
 Raúl Castro 6 el Che Guevara pocos meses antes de la Revolución. AP.
La CIA está muy atenta a lo que pasa en la isla caribeña, y huele el éxito de los guerrilleros comandados por Fidel Castro incluso mucho antes de que ellos lleguen a estar unidos y a confiar en sí mismos. Hasta 1959 no triunfará la Revolución en Cuba, pero desde 1957 los grupos que la preparaban eran una clara amenaza. La CIA se plantea qué hacer con ellos y cómo orientar la política cubana, que estaba en una situación muy inestable porque el dictador de turno, Batista, no tenía apoyo popular y estaba claro que iba a caer.
En el informe, vemos cómo en esos momentos la opinión dominante en la CIA es que hay que ir por las buenas: derrocar a Batista, hacer una amnistía para los rebeldes y convocar elecciones.
Pero en 1958 la situación empieza a complicarse para los intereses de Estados Unidos. El movimiento de oposición a Batista sigue desorganizado y lleno de disputas internas, pero Fidel Castro comienza a dar signos de que controla partes de la isla, e incluso promulga leyes y comienza a emitir desde una emisora de radio propia: Radio Rebelde.
La CIA se preocupa especialmente porque el movimiento adquiere tintes claramente comunistas y triunfa entre el pueblo. Desde sus micrófonos Castro alienta a la Revolución con palabras altisonantes, y el embajador norteamericano avisa a Washington de que los intereses estadounidenses comienzan a peligrar. Un espía de la CIA consigue infiltrarse entre los rebeldes y comprueba su organización interna.
En diciembre de 1958, poco antes de que Castro triunfara en la isla, el presidente Eisenhower comienza a interesarse por lo está pasando allí. Todavía EEUU piensa que el nuevo gobierno tendrá que buscar el apoyo del vecino del norte, y que no será difícil controlarlo.
Durante el año de 1959, la política de EEUU hacia Cuba entra en ebullición: se aumenta el número de espías infiltrados, se extreman las precauciones para que cualquier plan que se diseñe contra Castro no llegue a oídos de la ONU ni de los aliados de EEUU en el resto de América Latina. Es por esto que las acciones que se preparan para Cuba se discuten siempre dentro de la CIA, y siempre bajo el rótulo de alto secreto.
Las investigaciones norteamericanas llegan a la conclusión de que Castro no tiene el apoyo de la burguesía cubana por su socialismo, y al mismo tiempo los comunistas lo consideran un burgués. Fidel, según dice el informe, es un enigma para el gobierno de EEUU. Lo único que empieza a estar claro es que es un líder nato y que hay que tomarlo en serio.
La CIA contempló la posibilidad de asesinar a Castro
A finales de 1959, después de un año en el que Fidel se consolida en el gobierno, EEUU llega a la conclusión de que lo que hay en Cuba es un gobierno ya plenamente comunista y además sólido. El director de la CIA tiene encima de su mesa el objetivo a alcanzar: "el derrocamiento de Castro en un plazo de un año y su sustitución por una junta, favorable a EEUU, que convocará elecciones en un plazo de seis meses después de asumir el poder".
Los métodos para conseguir esto son la propaganda contra el régimen de Castro (la palabra propaganda es tal vez la que más se repite a lo largo de todo el informe), y, dentro de la isla, operar contra la televisión y la radio y apoyar a grupos pronorteamericanos para que por la fuerza controlen zonas del interior.
El plan contempla otra acción: la posibilidad de asesinar a Fidel Castro. Dado que el principal apoyo del nuevo gobierno cubano es el carisma de su líder, no es tan descabellado pensar que todo el régimen caerá si desaparece tal líder. Pero el director de la CIA tacha la palabra eliminación y la sustituye por expulsión de Cuba.
En los primeros meses de 1960 el informe refleja con toda claridad el firme empeño de la CIA por hundir el régimen cubano, y por hacerlo de forma discreta: todo debe permanecer dentro de la Inteligencia norteamericana, sin que el presidente pueda verse implicado ante un posible escándalo.
En la Inteligencia americana se ponen manos a la obra: se crea una sección dedicada a la cuestión cubana que recibe el nombre de WH/4, con cuarenta personas. No se escatiman medios y se trata de utilizar toda la experiencia de Estados Unidos en materia de derrocar gobiernos. De hecho, el director de WH/4 es Jacob Esterline, que había participado en 1954 en la operación que había cambiado el gobierno en Guatemala.
A principios de 1960 se presenta al presidente Eisenhower los planes para hundir a Castro: identificar y apoyar a los líderes anti-castristas, incluso con la compra de aviones, y, sobre todo, sabotear la cosecha de azúcar. Eisenhower opina que para derrocar a Castro hacen falta medidas más drásticas, que no basta con hacerle perder el dinero de la cosecha.
A partir de estas indicaciones de Eisenhower los altos cargos de la CIA planean efectivamente medidas más agresivas. Se centran en entrenar y financiar a la oposición cubana con vistas a acciones paramilitares dentro de la isla. Los gobiernos de Guatemala y Nicaragua ofrecen sus territorios para campos de entrenamiento.
Además, un miembro de la CIA informa al director de la Agencia de que tiene una droga que si la colocamos en la comida de Castro, hará que éste se comporte de forma tan irracional que una aparición pública tendría efectos muy perjudiciales para él.
A lo largo de 1960 la Agencia tiene dudas sobre el éxito de sus operaciones en Cuba, y existe cierta preocupación por los intereses norteamericanos en la isla. Pero se sigue apostando por hundir el régimen de Castro porque, si bien el régimen de Fidel no era comunista en origen, pronto tuvo que adoptar esa ideología para recabar el apoyo de la URSS y mantenerse a flote. Un gobierno así en la isla era un peligro demasiado grande para EEUU.
El informe muestra cómo el director de la CIA avisa a los responsables de WH/4 sobre el interés que China está mostrando hacia la isla. Dice que el gigante asiático apoya la revolución cubana para que los chinos puedan ir a Latinoamérica de forma masiva y así solucionar su problema de superpoblación.
Todos estos movimientos desembocarán en el famoso desembarco de Bahía de Cochinos. El informe (que el profesor que lo ha puesto en circulación, David Barrett, se ha encargado de colgar en la red) muestra hasta qué punto cada movimiento de la oposición a Castro estaba cuidadosamente preparado por la Inteligencia norteamericana.
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