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La cárcel perfecta
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IGNACIO ESCOLAR
1 de junio de 2005

Las cámaras de vídeo que instalan hoy bancos o centros comerciales son más útiles por los robos que evitan sólo con su presencia –nunca se sabe cuándo hay alguien mirando– que por los ladrones que detectan. Lo mismo sucede con las bases de datos informáticas que evitan el fraude en los impuestos o con las tarjetas para fichar que instalan algunas empresas para vigilar los horarios de sus empleados. Son sistemas de última tecnología, pero la teoría que describe su eficacia tiene más de dos siglos.

En 1791 el filósofo inglés Jeremy Bentham diseñó una prisión singular: el Panópticon. Consistía en un edificio circular con una torre central de vigilancia. Desde ella, los carceleros podrían observar a los reclusos en todo momento, en cada rincón de sus celdas. Pero los prisioneros nunca sabrían si alguien estaba mirando, por lo que estarían en permanente tensión.

Jeremy Bentham cuidó cada detalle en sus planos. La torre central no tendría puertas para evitar ruidos que delatasen la posición del carcelero y las ventanas contarían con persianas venecianas que permitían mirar sin ser vistos. No habría en toda la prisión ningún punto muerto que escapase de la mirada de los guardianes. Bentham defendía que su prisión sería mucho más barata que las convencionales, ya que se ahorraría mucho en personal. Los prisioneros actuarían en todo momento como si hubiese alguien en la torre aunque ésta estuviese vacía.



Pero Bentham no sólo quería ahorrar en carceleros. Su cárcel era un modelo de reinserción. El filósofo inglés aseguraba que los prisioneros, después de una larga temporada en el Panópticon, seguirían actuando después como si aún estuviesen siendo vigilados, lo que disminuiría la tentación de volver a delinquir.

El Panópticon nunca llegó a construirse. Bentham invirtió en su idea gran parte de su fortuna y varios años de su vida. Consiguió incluso que el Parlamento aprobase construir su prisión. Sin embargo la Corona inglesa, más preocupada en aquellos años por Napoleón que por reformar presidios, aparcó el proyecto definitivamente en 1811. Pero sus teorias cambiaron radicalmente no sólo las cárceles sino también la arquitectura de las fábricas: muchos de los elementos de su diseño siguen hoy estando presentes en este tipo de edificios.

Las ideas de Bentham inspiraron también al escritor George Orwell en su novela más famosa: 1984, la descripción de un estado totalitario dominado por un Gran Hermano que todo lo ve. Más tarde, en 1975, el filósofo francés Michael Foucault teorizó sobre cómo funcionan esos mecanismos de vigilancia que permiten que unos pocos controlen a una mayoría.

Para Foucalt, la clave está en que los carceleros nunca deben hacerse notar en su observación. Los prisioneros no tienen que saber cuándo están siendo vistos para que así asuman que el vigilante es omnisciente, que está en todas partes y se entera de todo en todo momento. Pero para reforzar esta idea en el subconsciente de los reclusos, los carceleros tienen que demostrar cada cierto tiempo su poder por medio del castigo.

Detrás del Panopticón, según Foucault, lo que Bentham describía era un nuevo sistema político, una nueva forma de ejercer el poder y controlar la sociedad. En las monarquías absolutas, la lucha contra el crimen consistía en dar ejemplo mediante penas duras y muy violentas: castigar para asustar. Sin embargo, este sistema de represión no era demasiado eficaz. Y si se abusaba de él, acababa provocando revueltas.

Según el análisis de Michael Foucault, el modelo cambia tras la Revolución Francesa, que adopta algunas de las ideas de Bentham. Lo que se busca es que el delincuente ni pueda ni quiera delinquir. En lugar de combatir la tentación del delito por el miedo, se trata de evitarlo porque simplemente no se desea hacerlo. Así, en la teoría, la función principal de las prisiones pasa de ser el castigo a la rehabilitación.

El Panópticon, tal como lo soñó Bentham, nunca existió. Pero ni su peor pesadilla podía imaginar un mundo donde decenas de satélites vigilan permanentemente desde el cielo. Si Google es capaz de ofrecer gratis un programa como Google Earth, que permite fisgar todo el mapa planeta a través de fotos en alta resolución, ¿qué no tendrán los servicios de inteligencia militar?

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  • El Panopticon, según un dibujo hecho en 1791 por Jeremy Bentham.