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Me río hasta de Dios: algunas polémicas sobre la religión
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SHEILA GRANDÍO
6 de febrero de 2006

En octubre de 1992, la cantante de rock Sinead O’Connor se lanzó a cantar la canción de Bob Marley “War” durante el programa de la NBC Saturday Night Live. Al término de la melodía y con todas las cámaras mirándola, la cantante improvisó una última y lapidaria estrofa: “¡Combatid al verdadero enemigo!”. Sacó una foto del papa Juan Pablo II y la rompió en pedazos. El silencio se apoderó del estudio y los realizadores, atónitos, optaron por dar paso a la publicidad.

La centralita de la NBC se saturó con miles de llamadas. Algunos televidentes estaban furiosos con el performance espontáneo que había protagonizado la cantante (para ver el vídeo, pinchar aquí). En los días siguientes, el calificativo de “blasfema” se convirtió en una constante en los periódicos y los programas de televisión. Los grupos religiosos reprobaron el atrevimiento de O’Connor.

Censuraron su actitud, su música y su persona. A Frank Sinatra, sin ir más lejos, se le llegó a atribuir la frase de que quería “pegarle un puñetazo en toda la boca”.

La contundente imagen de Sinead O’Connor partiendo la foto de Wojtyla dio la vuelta al mundo. Muchos de sus fans perdieron la fascinación por la cantante e incluso se hizo un llamamiento al boicot de sus álbums.

O’Connor desapareció un tiempo de escena y la NBC pagó la rebeldía de la joven con una multa de 2,5 millones de dólares que fue a parar a las arcas de la omnipotente FCC (Comisión Federal para las Comunicaciones).


Aquel beso entre Madonna y Jesús

El acto iconoclasta de O’Connor fue muy sonado pero no ha sido –ni de lejos- la única “recreación artística” que ha merecido la furia de los grupos religiosos. En 1989, por ejemplo, la también controvertida Madonna provocó las iras de algunos grupos con su canción Like a Prayer (“Como una oración”).

La culpa la tuvo el videoclip de la melodía, en el que una Madonna teñida de moreno besaba a un Jesucristo recién bajado de la cruz. El Hijo de Dios, en este caso, era de raza negra, un hecho al que algunos también se atrevieron a sacar punta.

Tras el “sacrilegio” de la cantante norteamericana, la marca Pepsi decidió cancelar el contrato que había firmado con ella para patrocinar su siguiente gira mundial.

Corrieron ríos de tinta, pero ni las fuertes y destructivas críticas lograron eclipsar a una cantante demasiado acostumbrada al revuelo mediático. Like a Prayer fue un éxito mundial que aún hoy es considerado como una de las canciones más representativas de Madonna.


Videoclip de Like a Prayer.


Cristo y sus tentaciones

Las modificaciones de símbolos religiosos, aunque se emplee sólo como recurso expresivo, se consideran un terreno delicado en el que muchos prefieren no meterse.

Martin Scorsese, sin embargo, decidió entrar –y de lleno- en esta zona peligrosa y en 1989 presentó en sociedad La Última Tentación de Cristo, una película basada en la novela del filósofo griego Nikos Kazantzakis.

La Última Tentación de Cristo En la cinta Jesús es un carpintero que, paradojas de la vida, se dedica a fabricar las cruces donde luego son crucificados los criminales.

La cinta, que desmitifica al personaje histórico, fue tachada de blasfema e incluso de pornográfica, ya que en ella se puede ver a Jesús manteniendo relaciones con María Magdalena –en su papel de prostituta.

Como era de esperar, el largometraje desató la ira de varios sectores creyentes. Algunos grupos integristas llegaron a provocar altercados violentos a la entrada de algunos cines. Hicieron cadenas humanas en las puertas o quemaron el interior de las salas para impedir el visionado de las cintas.

El Vaticano y hasta la Madre Teresa de Calcuta condenaron el largometraje. Ante la agitación social, algunos países decidieron censurar la película. En México, por ejemplo, el veto se levantó en 2004.

Yo te saludo, MaríaAlgo parecido ocurrió con la película Yo te saludo, María (Jean-Luc Godard, 1985). En esta adaptación moderna del relato bíblico, María es la hija de un mecánico que se ha quedado embarazada aunque todavía es virgen. Joseph, su novio, termina por creerse la historia de la joven, que sin embargo querrá preservar su candidez virginal y tan sólo deleita a su pareja con escasos posados desnudos.


“Me cago en Dios”

Muchas de las polémicas han saltado al ámbito internacional, pero hay también ejemplos más cercanos. El mayo pasado y aquí, en España, tres individuos entraron en un teatro, destruyeron parte del equipo técnico y agredieron a algunos miembros del grupo. Gritaban “¡Viva Cristo Rey!” y estaban enojados con el contenido de la obra que allí se representaba.

Me cago en DiosLa obra boicoteada estaba dirigida por el dramaturgo Iñigo Ramírez de Haro y se titulaba “Me cago en Dios”.

Antes de los violentos alborotadores, la presidenta de la Comunidad de Madrid había mostrado su disgusto por la representación teatral. En una carta remitida a la organización, la presidenta alegaba que “el título es marcadamente hiriente e insultante para una inmensa mayoría de madrileños, a la vez que ofende sus sentimientos más profundos".

En la misiva, de paso, Aguirre recordaba que la Comunidad de Madrid financiaba buena parte del presupuesto del Círculo de Bellas Artes.


Carod, meteoritos y el Papa

Otras instantáneas también han traído tras de sí ríos de tinta. En el 2000, una escultura del papa Juan Pablo II aplastado por un meteorito también fue considerado un ataque a la Iglesia Católica.

La escultura fue expuesta en la Royal Academy de Londres, y estaba incluida en la exposición “Apocalipsis, Belleza y Horrores del Arte Contemporáneo”.



Juan Pablo II


Otra foto, y ésta es la más reciente, es la que le sacó Pasqual Maragall a Carod- Rovira en un viaje a Tierra Santa. El líder de ERC, como cualquier turista de viaje por el extranjero, se dejó inmortalizar con una corona de espinas sobre la cabeza, en lo que parecía ser una “típica” estampa autóctona.

Carod-Rovira


Algunas asociaciones religiosas enviaron sus censuras a Carod-Rovira, y exigían al líder de ERC una disculpa pública por su actitud irrespetuosa. Desde el PP se calificó el acto de “absurdo, gratuito, innecesario e insultante”.

Zapatero, por su parte, prefirió no comentar la actitud de sus socios de Gobierno.

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En 1992, Sinead O'Connor rompió una foto del papa Juan Pablo II en un programa de televisión en directo. Los grupos religiosos reprobaron el atrevimiento de O’Connor. La cantante desapareció un tiempo de escena y la NBC pagó la rebeldía de la joven con una multa de 2,5 millones de dólares. Foto: AP.