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JUAN WÉS SOLÍS
Pieza básica de la película " El Orfanato ", producida por Telecinco, el 'Palacio de Partarríu' esconde entre su paredes varias historias de cine y una real. Un artículo publicado por el diaro El Comercio explica las coincidencias entre lo real y lo imaginario.
Es un personaje más. Es pieza clave de una historia que va camino de conquistar Hollywood antes de que se estrene en las pantallas españolas. Villa Parres, la casa que da cobijo a una angustiada Belén Rueda en 'El orfanato', es mucho más que unos muros cargados por el peso de su propio pasado. También oculta más historias de celuloide y hasta una tragedia propia.
El enorme caserón que la cámara de Juan Antonio Bayona y la pluma de Sergio G. Sánchez han convertido en 'El orfanato' se encuentra en la salida Este de la villa de Llanes , en dirección hacia Santander y no es la primera vez que se utiliza como plató de cine. Entre las paredes del vetusto inmueble ya se filmó, en 1990, una buena parte de 'Los jinetes del Alba', de Vicente Aranda.
El edificio, que fue incautado para albergar un hospital durante la Guerra Civil, se terminó de construir en el año 1898 por encargo de José Parres Piñera, cuyos descendientes aún conservan la propiedad, pero él apenas disfrutó de la construcción porque falleció en la misma casa el 9 de noviembre de 1899.
Murió apenas un año después de su estreno de un caserón cuyo proyecto se encargó al arquitecto santanderino Valentín Ramón Lavín Casalís, un profesional de reconocido prestigio en su época por haber acometido numerosos proyectos para la burguesía local.
De palacio de Partarríu a 'El Orfanato'
Al chalé Villa Parres se le conoce en Llanes como el palacio de Partarríu, porque la gran finca que lo delimita terminaba a orillas del río Carrocedo. La obra tuvo gran resonancia en su momento.
Una de las personas que con más detenimiento ha estudiado el inmueble es la llanisca Mari Cruz Morales Saro, catedrática de Historia del Arte en la Universidad de Oviedo, quien define a la vivienda como una gran «casa conectada plenamente hacia el exterior, con predominio de amplios ventanales».
Bajo esos criterios tuvo que haberse levantado el palacio de Partarríu, porque durante la segunda mitad del siglo XIX Llanes respiraba prosperidad gracias a la lluvia de millones que comenzaban a llegar del gran número de emigrantes en países americanos, como México y Cuba.
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