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MONCHO VELOSO
12 de septiembre de 2007
Entre las cuatro paredes malolientes y ennegrecidas del mítico club CBGB se gestó la leyenda e historia del punk, hijo descarriado del género padre: el rock'n'roll. Su cierre y la reciente muerte de su fundador, Hilly Kristal, pusieron final a la agonía de una cultura que daba ya sus últimos coletazos. Por su parte, las salas de conciertos españolas viven un fenómeno de doble vertiente: mientras las de gran aforo han ido cerrando sus puertas, los pubs con actuaciones diarias mantienen el telón levantado.
Situado en el número 315 del neoyorquino barrio Bowery del East Village, el 'CBGB & OMFUG' abreviatura de Country, bluegrass, blues and other music for uplifting gourmandizers abrió sus puertas ya en 1973 y en sus adentros se estrenaron las grandes celebridades del punk.
 David Byrne (Talking Heads), Patti Smith y Debbie Harry (Blondie) hicieron de las suyas en el CB's. Foto: www.cbgb.com.
Allí unos todavía niñatos llamados The Ramones escupieron por primera vez su "Hey Ho Let's Go!", Talking Heads se atrevió a revisar el punk rock, Blondie puso todo su glamour sobre las tablas y la poetisa Patti Smith encandiló a los más duros. Y es que los más de 50.000 conciertos que acogió el local durante sus más de 30 años de vida dieron para mucho, para lo mejor y lo peor.
 The Ramones, en plena actuación sobre las tablas del CBGB. Foto: www.cbgb.com.
Antaño barrio sucio y marginal que hizo del 'sex, drugs and rock and roll' su cartel de bienvenida, hoy es una de las zonas comerciales y residenciales más preciadas de la ciudad de los rascacielos: oficinas, cadenas de comida rápida y lujosos apartamentos han dado un aire bien distinto a sus calles.
Así, la fuerte especulación inmobiliaria obligó a Hilly Kristal, padre del CBGB, a cerrar a finales del pasado año su legendario garito, incapaz de hacer frente a un alquiler de infarto. Convertido en los últimos años en una especie de museo, Kristal tenía pensado llevarse toda la parafernalia a Las Vegas y empezar de cero. Pero no llegó a tiempo: el pasado 28 de agosto moría víctima del cáncer.
Gruta'77, versión madrileña
En Madrid, en sus días también cuna del desparpajo y atrevimiento musical, han caído estandartes del directo como Jácara, Aqualung, Rock-Ola o Morasol, entre la veintena de clubs que han dejado huérfano musicalmente hablando al público madrileño. Quedan la sala Heineken (antes Arena), La Riviera y Macumba para hacer frente a las nada preparadas plazas de toros y pabellones de deportes.
Sin embargo, hay todavía pequeños pubs que se resisten a desaparecer y que, a veces, cuentan con una programación diaria. Uno de ellos es Gruta'77 (calle Cuclillo, 6), "una sala de conciertos con pub y locales de ensayo orientada al rock'n'roll en su faceta más underground y ofreciendo una programación diaria de música en directo", según su propia página web.
A punto de cumplir sus primeros siete años de vida y consolidado ya en la escena de la capital, 'Indio', responsable de su programación, confía en poder seguir en esta línea, "creando cantera y que los grupos que están empezando puedan seguir adelante", dice. "Si trabajas con fuerza y crees en ello puedes tirar para arriba".
Mucha oferta y escasa demanda
En este sentido, está convencido de que sí hay calidad entre los músicos amateur. "Hay que darles oportunidades", asegura. Aun así, 'Indio' reconoce que no todos los locales están dispuestos a seguir está política. "La locura de hacer esto es un poco una marca de la casa", dice en referencia a salas como su Gruta'77, El Sol, Moby Dick o Honky Tonk, que también cuentan con una programación diaria envidiable.
Sello personal que se antoja semejante al del mítico CBGB, que este "absoluto maníaco del rock and roll" tuvo ocasión de pisar en varias ocasiones. "La gente que nunca ha estado se imagina una sala enorme, con muchos camareros y gente de seguridad, pero era una sala modesta, muy sucia, llena de pintadas y con un camerino muy cutre pero con un muy buen equipo".
Para 'Indio', la grandeza del CBs eran los grupos que allí se forjaron. Y las influencias de una música y una cultura de las que, asegura, convencido, "quedan y quedarán muchísimas".
Lo que sí dice echar en falta es un nutrido público. "Organizas conciertos de diferentes estilos de música y al final te encuentras siempre al mismo público, a los tres mil locos del rock and roll que cada noche salen para ver conciertos", dice.
El motivo, para 'Indio', es muy sencillo. "Los menores no pueden entrar a las salas de concierto, y eso no hace cantera. No te dejan ser un gran aficionado al rock and roll o a cualquier tipo de música. Está penado por ley".
Entendimiento frente al 'ladrillazo'
Para él el negocio del ladrillo tampoco juega en su favor. "El espacio en Madrid es muy caro, es un verdadero timo, y hay que aprovecharlo, no se trata sólo de dinero", afirma en referencia a un negocio inmobiliario que les obliga a enfrentarse, dice, a "alquileres brutales".
 El grupo de rock madrileño Gudini durante un concierto en Gruta'77. Foto: www.jesusaguado.com.
Quizá por eso la capital se haya quedado sin salas específicas para hacer música, algo que, según 'Indio', hace que "muchas giras nos pasen de largo" y que sea más caro tanto la organización de un concierto como las entradas para el público.
En relación con esto asegura "no tener ningún miedo" por el futuro de Gruta'77, a pesar de encontrarse en una zona en plena edificación. "Tuvimos problemas en su momento con la Junta Municipal del distrito de Carabanchel pero finalmente reinó la cordura". Así, 'Indio' cree que si hay entendimiento y respeto entre los propietarios de los locales, las administraciones y los vecinos, "puede haber tanto una sala de concierto como una frutería o un sembrao".
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