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Energías agotadas (III):
el coche híbrido, automóvil del futuro
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SHEILA GRANDÍO
8 de septiembre de 2005

Se intentó con los coches eléctricos, pero el producto no cuajó en el mercado: pesaban demasiado y tenían poca autonomía. El ideal de un coche ecológico dio paso a otra generación de automóviles, fruto del mestizaje entre la electricidad y la gasolina. Parecen como el resto y corren a la misma velocidad… eso sí, con bastante menos gasolina.

El 90 por ciento del petróleo mundial se destina a combustible. Cada año los países exportadores aumentan su producción, pero la demanda siempre avanza más rápido. Somos más conduciendo y, por lo tanto, también contaminando.

Los fabricantes de coches llevan años investigando motores alternativos al de gasóleo. Los primeros prototipos, sin embargo, hicieron mucho ruido en los medios pero apenas vendieron unidades. Eran caros y sus prestaciones distaban mucho de los coches convencionales.

De esa experiencia nació la idea del coche híbrido, una línea intermedia entre el idealismo de los coches ecológicos y el pragmatismo mercantil. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Estos nuevos automóviles combinan la electricidad con la gasolina. Una solución mestiza que se aparta del ideal de consumo 0 en gasolina, pero que reduce considerablemente el consumo de combustible.

Con el precio del barril a 77 dólares y con las imágenes del desastre de Katrina todavía presentes en la retina, eso es algo que muchos pueden valorar.


Dos motores ideados para la ciudad

Las ciudades grandes son las más contaminadas, y no sólo por la cantidad de coches. También influye el tipo de conducción. Casi todo son trayectos cortos, con muchas paradas y velocidad reducida. Rara vez se pasa de segunda.

El coche híbrido es un coche urbano. Sus dos motores (uno eléctrico y otro de gasolina) se alternan automáticamente según el cuentakilómetros. El primero, que es el que no contamina, funciona en el arranque, momento en el que se registra el mayor consumo de gasolina.

Cuando el conductor aumenta la velocidad (o en su defecto, cuando el motor eléctrico se ha agotado) el coche conecta automáticamente el motor de gasolina, que funciona como el cualquier otro vehículo convencional.


Electricidad sin enchufe

GasolineraNo llegan al consumo 0, pero la idea parece bien encaminada. Un ejemplo. El Toyoya Prius, uno de los últimos modelos en el sector, consume de media un 40 por ciento menos de gasolina que un coche convencional (algo más de 4 litros por cada 100 kilómetros, casi la mitad que el Seat Toledo).

Además, el doble motor permite a los híbridos igualar prácticamente a las prestaciones de los coches convencionales con una gran ventaja respecto a sus antecesores eléctricos: las baterías no necesitan cargarse de forma externa. En el híbrido, la energía del frenado se reutiliza para recargar al motor eléctrico. En el resto de los coches a motor de gasolina, esta energía se pierde.

Pero para los críticos más puristas, este sistema tiene un inconveniente: la sucia, cara y limitada gasolina.

Según los detractores de los actuales modelos, los fabricantes de coches han perdido el horizonte de la ecología por su dependencia del mercado. Han relegado a un papel secundario al motor eléctrico –se dice- para satisfacer las demandas de potencia y velocidad del mercado.

Es, en parte, cierto. Los coches híbridos son más veloces y potentes que sus antecesores eléctricos. Pero también son más autónomos y baratos. Y el precio, por la lógica del mercado, debería reducirse paulatinamente.

Y si no, acuérdense de los primeros diesel.


El problema de la gasolina

Está claro que los coches híbridos no van a eliminar el problema de la contaminación, sobre todo en un mundo donde cada vez hay más coches. Pero regular las emisiones es un primer paso en la línea adecuada.

Pensemos en EEUU. Este país, con sólo el 4% de la población mundial, consume el 25% del mercado petrolífero. ¿En dónde meten todo ese combustible? Muy fácil: en los enormes tanques de sus grandes coches.

Tan sólo el 5% de los 4x4 han salido alguna vez al campo

Al contrario que la vieja Europa, ahorradora promotora del diesel y los utilitarios (ideal para aparcar en nuestras a veces estrechas calles), los estadounidenses se han decantado históricamente por los coches grandes. Y la cosa va a más.

En 1990, cuatro de cada cien estadounidenses tenía un 4 x 4. El año pasado, estos potentes coches suponían el 54 por ciento del parque automovilístico del país.

Son los coches que beben un cuarto del petróleo mundial y tienen un consumo medio de 12 litros. Un gasto de combustible innecesario ya que, según un estudio, tan sólo el 5% de los todoterrenos han pisado alguna vez al campo.


Castigo a los altos consumidores

Contaminación en ParísEn París, los coches de alto consumo tienen prohibida la circulación los días de mucha contaminación (y son unos 60 al año). En Roma, los vehículos pares e impares se reparten las calles de la ciudad a días alternos. Londres, por su parte, impone la Congestion Charge (de 8 libras, unos 11 euros) a los automóviles que cruzan el centro de la ciudad.

Ante esta situación, los coches híbridos se presentan como una solución viable e inmediata al problema de las emisiones de CO2. Contaminan menos y pueden servir de puente hasta que otras tecnologías (como los motores de hidrógeno o aire comprimido) terminen de desarrollarse. Por ahora son casi un capricho y las compañías que los fabrican trabajan con unos objetivos bastante modestos.

Pero démosles tiempo. El diesel, hace 20 años, empezó así.

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