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RODRIGO BLÁZQUEZ
Aleksey Bravo tiene 11 años, vive en El Espinar, Segovia, y su padre es cura. Valentín Bravo es el párroco de este pueblo de 6.000 habitantes. Adoptó a Aleksey hace dos años. Es el hijo del cura y eso no es normal pero es feliz y yo me siento orgulloso de lo que hice.
En España hay muchos curas católicos con hijos. Además de los que han adoptado, hay una veintena con familia. Tienen hijos pero enviudaron y se ordenaron sacerdotes pasados los cincuenta.
Incluso hay, aquí en España, sacerdotes con mujer e hijos. Pertenecen a la Iglesia Católica del rito oriental. Cuando los greco-católicos se unieron a la Iglesia de Roma lo hicieron con una condición sine qua non: mantener sus costumbres y un derecho canónico propio.
Pero volvamos a El Espinar, en Segovia. Aleksey era un huérfano bielorruso al que la catástrofe de Chernóbil dejó marcado. Ahora disfruta como un niño más al lado de su padre, Valentín Bravo, el cura del pueblo. Alosa, cómo le conocen en El Espinar, vino a España con un progama de ayuda y acogida familiar que aún funciona.
El tiempo pasó y llegó el momento de regresar a su país y a su terrible infancia. El párroco entendió que no podía devolverle a la orfandad y, tras muchos esfuerzos, logró su adopción en abril de 2002 con la venia del obispo de Segovia.
La Iglesia
A la Iglesia no le fascinan las familias monoparentales, pero Valentín tiene la respuesta preparada. Las familias también pueden ser de otro modelo, como la mía. La figura de la madre está presente en la vida de Alosa. Él no tiene madre legal pero aquí tiene el cariño de todo el mundo y, por supuesto, de muchas mujeres.
Según José Luis Sánchez-Girón, sacerdote jesuita y profesor de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Comillas, el código que diseña el estilo y modo de vida de los curas no prohíbe en ninguna parte adoptar un hijo, por lo tanto no se puede decir que la Iglesia lo considere en sí mismo incompatible con el sacerdocio.
Lo adopté para darle un apellido
Valentín Bravo no es el único ni fue el primero. El pionero fue José Vivancos que adoptó a un niño a finales de los años ochenta. Sí, eso dicen, que fui el primero, me alegro de que otros se animaran después. Era sacerdote en la pedanía de Nonduermas, en Murcia pero abandonó todo y se fue a Honduras a trabajar con los más pobres.
Hace 19 años se instaló en Río Lindo y conoció a Lionel, a quién su padre había abandonado. Los hijos de madre soltera sólo tienen un apellido en Honduras y Lionel sufría mucho. Por eso lo adopté, para darle un apellido. El chico tenía 17 años. Ahora Lionel está casado, es concejal del Ayuntamiento de Río Lindo y le ha dado a José dos nietas: Emilia y María Fernanda.
La vida me los ha traído
Ceferino también tiene hijos y está soltero. Asegura que la vida se los ha traído sin buscarlos. Pablo, Carlos, Loli y Raúl se quedaron huérfanos en pocos meses. Su padre se suicidó y la madre murió al poco tiempo. Vivían en la puerta de enfrente y se metieron en su casa, en la casa del cura.
Los papeles nunca nos preocuparon, a nosotros nos importaba qué íbamos a comer al día siguiente. Ceferino tiene 63 años y pertenece a la Parroquia de Santa Teresa y Santa Isabel en el madrileño barrio de Chamberí. El proceso fue lento y en 1990 logré adoptarlos de forma oficial.
En el Obispado de Madrid le dieron absoluta libertad pero sin un céntimo. Los niños me han dado lo que no tenía, y por eso yo no tengo problemas de soledad, como le ocurre a la mayoría de los curas ancianos.
Con mujer e hijos, pero greco-católico
En La Mamola, Granada, Sorín Cantrinescu ejerce de sacerdote greco-católico para la comunidad de rumanos, rusos, letones o ucranios que trabajan en los invernaderos de la zona. Ejerce y tiene mujer e hijos pero no le hace ninguna gracia hablar del tema porque no es un mono de feria. Lleva dos años en España y pese a un acento muy marcado, domina a la perfección los registros del castellano.
Recibe su sueldo de la Diócesis de Granada gracias a un convenio de colaboración. Pertenecen a la Iglesia Católica y reconocen al Papa como autoridad suprema, pero conservan algunas diferencias. Cuando su Iglesia se adhirió al Vaticano puso condiciones: se les puede ordenar sacerdotes un vez casados y no deben mantenerse célibes.
Las diferencias en el rito son la causa de que los dos alumnos rumanos que viven en el Seminario de Madrid, dónde se forman los sacerdotes católicos, sean los únicos que pueden tener novia.
Sacerdotes de la hora undécima
Aquí no se acaban las posibilidades. En España hay más de 20 sacerdotes católicos con hijos, doce de ellos son abuelos y juntan más de 60 nietos. Estuvieron casados, procrearon y, pasada la cincuentena, se quedaron viudos y recibieron la llamada de Dios. Puede suceder en cualquier etapa de la vida, explica Alejandro Cuesta, párroco de Valdilecha, en Madrid. Enviudó con 55 años y tres después ejercía de sacerdote. Tiene cuatro hijos, seis nietos, y otro en camino, añade entusiasmado.
José Sotillo tiene 79 años y se hizo cura con 72. Es el nexo de unión entre todos ellos, mantiene contactos regulares con la mayoría. Es vicario en la Parroquia de San Francisco de Asís, en Soria, y desprende energía por los poros de su piel. Cuenta que entre estos sacerdotes de la hora undécima, hay ingenieros, pintores, músicos y guardias civiles.
La muerte de su mujer le llevó al Sacerdocio
Para José María Valero, viudo, con cinco hijos y otros cinco nietos, es un orgullo hablar de su historia. Fue la muerte de su mujer la que le llevó al sacerdocio. Cuando Pilar falleció buscó respuestas y las encontró en la Iglesia. Después de cuatro décadas trabajando como profesor e ingeniero, José María se ordenó sacerdote hace un par de años, con 69. A mí las mujeres siempre me van a gustar, es lo natural, pero ser cura y tener hijos no creo que sea lo ideal. Y argumenta. Uno no puede dedicarse a la Iglesia todo lo que ésta se merece. Además, con un sueldo de sacerdote no hay forma de mantener una familia.
También hay monjas
Sor Julia tiene casi veinte nietos pero zanja con rapidez la conversación. Esto es una exhibición demasiado grande. Sirve a Dios en el Monasterio de San José y Santa Ana de las agustinas descalzas, en L´Olleria, Valencia. Ingresó en 1997 y está a punto de cumplir 80 años.
Curas con hijos adoptados, curas viudos con hijos suyos, monjas con nietos, curas con mujer e hijos... Todos son católicos y ejercen en España. La Iglesia observa perpleja. En sus templos, padres de familia, celebran misa cada domingo.
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