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Clemente, o cómo la picaresca encontró su propia silla gestatoria
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CARLOS DEL BARCO/EFE
22 de abril de 2005

La picaresca se entronizó en su propia silla gestatoria en la persona de Clemente Domínguez Gómez, fallecido en la pedanía sevillana de El Palmar de Troya, cuando éste se autoproclamó "Papa Gregorio XVII" y comenzó hace 35 años la aventura de la "Orden Carmelita de la Santa Faz".

Nacido en Sevilla el 29 de abril de 1946, Clemente Domínguez fue el producto de una infancia y juventud difíciles, marcadas por las fugas del domicilio paterno y, según confesión de su propia madre, de unas facultades mentales perturbadas que le hicieron también librarse del servicio militar a causa de una epilepsia.

Su peculiar forma de llevar la contabilidad le hizo abandonar una compañía de seguros en la que trabajó fugazmente antes de emprender junto a Manuel Alonso Corral, su "secretario de estado", su "camino de santidad" inmortalizado por el cantautor granadino Carlos Cano en su copla "Clemente, no te quedes con la gente".

El 30 de septiembre de 1969, Clemente afirmó haber tenido una visión de la Virgen en El Palmar de Troya, pedanía de la localidad sevillana de Utrera situada a escasos treinta kilómetros de Sevilla, y un año más tarde se estigmatizó y recibió sendas desautorizaciones de las autoridades eclesiásticas. Ello se produjo meses después de que en la finca "La Alcaparrosa", de doce hectáreas posteriormente compradas por la orden, se apareciera supuestamente la Virgen a cuatro niñas de la localidad.

El 11 de enero de 1976, mediante unos ritos ajenos a la jerarquía eclesiástica, fue ordenado obispo por el Arzobispo vietnamita Pedro Martin Ngo-Din Thuc, el mismo que le había hecho sacerdote y que fue presentado a los seguidores de Clemente por el arzobispo integrista Marcel Levfebre.

Posteriormente erigió la "Basílica" del Palmar gracias a las aportaciones económicas de sus seguidores, que hicieron que al cabo de los años se convirtiera en una espectacular fortaleza amurallada a la que sólo se podía acceder en momentos muy concretos y siempre vestido con el recato pretrentino de la orden.

Un pretendido mensaje de la Virgen, recibido según Clemente el 27 de agosto de 1978, le hizo autoproclamarse "Papa" con el nombre de Gregorio XVIII y, a partir de ese momento, empezó a editar una serie de "Documentos Papales", por los que canonizó a Franco, José Antonio, Don Pelayo y Cristóbal Colón, entre otros.

Clemente Domínguez Gómez, para legalizar en España su organización religiosa, se vio obligado a suprimir la palabra Papa en sus estatutos, y convertirla en Jefe de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz. EL "Papa Clemente" quedó ciego a consecuencia de un accidente de automóvil, sufrido en mayo de 1975 en la autopista Bilbao-Behovia.

El 4 de enero de 1988, el Tribunal Supremo dictó una sentencia por la que se permite la inscripción de la "Iglesia Cristiana Palmeriana", en el Registro de Asociaciones Religiosas.

Entre sus últimas ocurrencias, "Gregorio XVII" anunció hace unos años que la crisis económica de su congregación religiosa le obligó a vender las joyas de la virgen, a renunciar a sus relaciones sexuales y al milagro de recuperar la visión, aunque pocos en El Palmar de Troya (Sevilla) le creyeron. También les chocó a los vecinos que hablara de crisis cuando se sigue construyendo la basílica, que tiene acabadas ocho de las doce torres de casi cuarenta metros de altura así como la gran cúpula que la corona.

La actividad en el recinto, rodeado de un muro de unos cinco metros de altura, no ha decaído en los últimos tiempos, y cada tarde entran en la iglesia una docena de furgonetas procedentes de sus inmuebles del centro de Sevilla, que son conducidas por curas, llevan en su interior a monjas que se tapan las caras con velos y no salen hasta la medianoche.

Tras las furgonetas, la comitiva concluye con un potente vehículo de lujo conducido por dos sacerdotes. Se calcula que la orden tiene varios centenares de religiosos entre curas y monjas de todos los continentes, a pesar de la reciente expulsión de 25 de ellos por desobediencia. El enigma, a partir de hoy, será el alcance de las intrigas del "cónclave".

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