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Dos caras para una vida
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RODRIGO BLÁZQUEZ
19 de septiembre de 2005

Un casting muy especial está a punto de celebrarse en una clínica de Cleveland, EE.UU. Según cuentan hoy diversos medios extranjeros, en las próximas semanas cinco hombres y siete mujeres van a ser examinados para elegir a la primera persona a la que se le hace un transplante de cara en el mundo.

El nuevo rostro que le será implantado habrá pertenecido a otra persona. El único origen posible de una cara trasplantada es el de un fallecido que decidió en su día donar sus órganos. Según el equipo médico que se dispone a afrontar la operación el objetivo es ofrecer un nuevo rostro a quien la vida le ha desfigurado el rostro por quemaduras, accidentes u otras desgracias.

Los partidarios de la doctora Maria Siemionow, la jefa del proyecto, elogian su cuidadosa planificación y basan su defensa en los años de experiencia de la doctora probando con animales y docenas de cadáveres para perfeccionar su técnica.

Los críticos ven demasiado riesgo en la intervención –entre 9 y 24 horas según las fuentes más un posoperatorio de entre 10 y 14 días-, aluden a los problemas de identidad y alertan de posibles infecciones que pueden ennegrecer el nuevo rostro y requerir un segundo trasplante o una reconstrucción parcial con injertos de piel.

Los documentos entregados a los potenciales pacientes advierten que su rostro va a ser sustituido por uno donado de un cadáver “similar en cuanto al tipo de tejido, la edad, el sexo y el color de la piel”.

Hace unos años, un equipo de investigadores de la Universidad de Louisville (Kentucky), implantó con éxito una mano a un paciente pero decidieron no seguir adelante con otras partes del cuerpo por motivos éticos.

Aunque la tecnología para este tipo de trasplante ya existía en países como Gran Bretaña, Francia e incluso Estados Unidos, ningún centro médico la ha ofrecido hasta ahora debido a los problemas éticos que plantea.


España

El doctor Pérez Macía, Presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética, recuerda que el Comité Asesor de Ética de España no es partidario de estas intervenciones pero admite que “en este mundo lo que hoy es no mañana puede ser sí”.


Si se realiza finalmente la operación, ¿Será el primer trasplante de cara de la historia de la cirugía estética?
Sí. Si finalmente lo llevan a cabo, será el primer trasplante de cara de una persona a otra. Hasta ahora sólo se habían hecho trasplantes desde otras zonas del cuerpo al rostro pero si utilizan la cara de un fallecido, será la primera vez que se haga en la historia de la cirugía.

Ya ha habido otros proyectos similares en Europa pero fueron cancelados, ¿Por qué?
En Francia, un comité de ética se posicionó contra este tipo de intervenciones hace unos años. Además, aún no se sabe lo suficiente. Hay que investigar más.

¿Y en España?
Aquí también nuestro comité de ética dijo que, de momento, no se podían hacer este tipo de operaciones.

“Los pacientes tendrán problemas de identidad: Su reacción al mirarse en un espejo es imprevisible”

¿De momento?
Sí, de momento. En este mundo lo que hoy es no mañana puede ser sí. Pero repito que queda mucho por investigar.

Si se puede trasplantar un corazón o una mano, ¿Por qué no una cara?
Técnicamente es viable. En principio los problemas más graves son los que marcan las normas de la ética.

Y, al margen de le ética. ¿Cuáles son los riesgos principales de una operación de estas características?
En primer lugar los problemas de identidad de los pacientes y, por otra parte, no está nada claro que realmente se vaya a mejorar la calidad de vida de los que se sometan a la intervención.

¿Es cierto que los pacientes necesitarán consumir fármacos el resto de su vida para impedir el rechazo? ¿Hay riesgos renales y de cáncer? ¿Y las posibles infecciones que pueden ennegrecer el nuevo rostro y requerir un segundo trasplante?
Sí. Todos estos problemas pueden aparecer. Existen riesgos muy importantes.

Háblenos de esa crisis de identidad. ¿Cómo se puede sentir alguien al verse con otro rostro?
En todos mis años de experiencia como cirujano plástico le puedo decir que, en muchas ocasiones, los pacientes no son capaces de asumir su nueva imagen, no pueden reconocerse. Y le estoy hablando de operaciones de nariz, labios, pómulos… Si les cambian toda la cara, la reacción cuando se miren en un espejo es absolutamente imprevisible.

¿A quién se parecerá más el paciente tras la intervención, a sí mismo o al donante?
“Hasta que no se haga la operación es imposible contestar”

¿Podrían rechazar su nuevo rostro incluso aunque biológicamente pudieran asumirlo?
De todos los pacientes a los que se las ha implantado una mano, hay muchos que, pasado un tiempo, han pedido a sus cirujanos que se la quitaran de nuevo. No había graves problemas médicos pero no podían soportarla. En el caso de los trasplantes de cara no se pueden descartar reacciones similares.

Después de la operación, el paciente tendrá la cara de un fallecido pero, ¿se amoldará la nueva piel a los huesos de debajo? ¿A quién se parecerá más el paciente tras la intervención, a sí mismo o al donante?
Hasta que no se haga la operación es imposible contestarle a esta pregunta. No está nada claro.

El origen de la expresión facial (la forma de la sonrisa, la mirada, etc.) ¿Está marcada por el carácter o depende más de la morfología de la persona?
El carácter es lo que da la expresividad pero son la piel, los músculos o los huesos los que la traducen en un gesto concreto.

Según la jefa de proyecto, la doctora Siemionow, “nadie tiene derecho a decidir sobre la calidad de vida de un paciente”.
Así es, pero en el resto de trasplantes -como los de corazón, riñón, etc.- la intervención se realiza para salvar una vida, en los trasplantes de cara no hay vidas que salvar.

Cuando alguien decide donar su órganos al morir, ¿está incluido el rostro?
De momento no lo creo porque la cara no es un “órgano” pero si este tipo de operaciones se extiende habrá que cambiar estos protocolos.


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La doctora Maria Siemionow, jefa del proyecto, se atusa el gorro antes de una intervención. Foto: AP.