Informativos Telecinco.com - Las primeras imágenes de las últimas noticias - Caso FAES - Por qué los políticos sólo convencen a los convencidos
 
Por qué los políticos sólo convencen a los convencidos
Volver Enviar a un amigo Imprimir Texto sin justificar Texto justificado Letra pequeña Letra mediana Letra grande

IÑIGO SAENZ DE UGARTE
31 de marzo de 2005

El vídeo de la FAES tiene una importante diferencia con el famoso anuncio del dóberman con el que el PSOE quiso meter el miedo en el cuerpo a los españoles en la campaña electoral de 1996: no han utilizado animales domésticos en el montaje.

Estos dos interesantes capítulos de la historia de la propaganda en España sí cuentan con algo en común: el primer mandamiento de los políticos es convencer a la gente que sus adversarios son la encarnación del mal y el deshonor.

Lo que no está tan claro es si ese mensaje llega a todo el mundo o únicamente a los que están dispuestos a creérselo antes de ver un solo fotograma.

El núcleo duro de los seguidores de cada partido recibe estos mensajes de forma entusiasta, porque confirma sus peores sospechas. Los del PP quedan convencidos de que el PSOE rentabilizó políticamente la matanza de Atocha... o algo peor. Los del PSOE quedan convencidos de que el PP representa una versión adecentada del franquismo... o algo peor.

Los votantes moderados, que los políticos dicen que son mayoría en España, tuercen el gesto. Los adversarios cierran filas. Sus peores temores también se han confirmado. Los otros están dispuestos a todo, a caer en lo más bajo, con tal de llegar al poder.

¿Son efectivas estas tácticas de tierra quemada? Es poco probable. De entrada, llama la atención de que se adopten cuando las encuestas tienen peor aspecto para el partido que enarbola el hacha de guerra. Son más un símbolo de debilidad que de fortaleza.

Algunos expertos electorales dicen que pueden ser de utilidad en época preelectoral, cuando cambiar el sentido del voto a un 1% o 2% de los votantes puede ser decisivo. Pero, por definición, estos mensajes desaforados sólo convencen a aquellos que ya tienen muy claro a quién van a votar.

A los políticos les gusta decir que a España se le gobierna desde el centro. A veces, los Gobiernos toman decisiones que no figuran en las prioridades de los ciudadanos, pero que sirven para calentar el cuerpo de los sectores más radicales (las estatuas y las banderas siempre son un recurso muy útil). Pasada la borrasca, el Gobierno recuerda a los votantes que le llevaron al poder que es la mejor garantía de estabilidad. No como los otros.


Una propaganda más sutil

Se dice que la propaganda política negativa no es muy habitual en España, a diferencia, por ejemplo, de EEUU. Curiosamente, de allí podemos sacar un ejemplo que nos recuerda que existe otro tipo de propaganda más sutil, y precisamente por eso, más rentable. Es aquélla en la que el político da información (quizá distorsionada, quizá incompleta) para que vaya moldeando la mente de los votantes, y deja la brocha gorda para que se manchen con ella los medios de comunicación adictos a la causa.

Tomemos un dato. En septiembre de 2003, dos años después del 11-S, una encuesta de The Washington Post reveló que un 70% de los norteamericanos aún creía que era, como mínimo, algo probable que Sadam Hussein estuviera relacionado con los atentados del 11-S. ¿Lo dijo en alguna ocasión el presidente, George Bush? No exactamente.

Los redactores de sus discursos sabían que si Bush lo hubiera denunciado con total claridad, al día siguiente los periodistas le habrían preguntado dónde estaban las pruebas. Y si al final, se hubiera demostrado lo contrario, como hizo la comisión de investigación del 11-S, el presidente habría quedado como un mentiroso o un manipulador, y el partido demócrata habría estado encantado de utilizar esa declaración en sus anuncios de campaña.


Frases encadenadas

Lo que hicieron fue construir sus discursos para que una frase llevara a la otra. Por ejemplo, una primera frase en la que Bush decía que tras el 11-S, su país no podía ya funcionar con la misma mentalidad. Una segunda frase en la que Bush sostenía que Irak contaba con un programa de fabricación de armas de destrucción masiva y la intención manifiesta de conseguir armas nucleares. Una tercera frase en la que Bush afirmaba que EEUU nunca permitirá que los terroristas repitan una matanza como la del 11-S, pero esta vez con armas que provocarían una destrucción aún mayor.

El orden a veces a cambiaba. Ejemplo de un discurso de Bush de marzo de 2003:

“Si el mundo no se enfrenta a la amenaza del régimen iraquí y se niega a emplear la fuerza, incluso como último recurso, las naciones libres afrontarán riesgos inmensos e inaceptables. Los atentados del 11 de septiembre de 2001 demostraron lo que los enemigos de América podían hacer con cuatro aviones. No esperamos a ver lo que los terroristas o los Estados terroristas pueden hacer con armas de destrucción masiva”.

Tomadas una a una, estas tres frases parecían indiscutibles en opinión de los norteamericanos. Y las tres juntas sonaban mucho mejor para los intereses de Bush.

Ni siquiera todos los votantes de Bush estaban entusiasmados con la idea de enviar a miles de sus soldados durante años a un país lejano y en el que no estaban muy interesados. Pero si ése era el precio para impedir más atentados como los de las torres gemelas, la carga se hacía más llevadera.

La FAES no confía en la administración sutil de propaganda por vía oral, como hacía Bush. Prefiere inyectar por vía intravenosa a la audiencia su versión del 11-M. Y sólo los que sufran de síndrome de abstinencia se verán saciados. Al resto de la gente sólo les provocará pesadillas.

Volver Enviar a un amigo Imprimir
Aznar, en una visita a EEUU en mayo de 2004. Foto: AP.