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Un informe confidencial del Ejército de EEUU revela torturas en Afganistán
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INFORMATIVOSTELECINCO.COM
20 de Mayo de 2005

Un informe confidencial de 2.000 páginas con la investigación criminal realizada por el Ejército de EEUU ha revelado numerosos casos de torturas en Afganistán. Siete soldados han sido ya inculpados de la muerte de dos hombres en el centro de detención de la ciudad de Bagram. El contenido del “expediente Bagram”, como ya se le conoce, ha sido dado a conocer por The New York Times.

El Times obtuvo una copia del informe gracias a una persona relacionda con la investigación que era crítica con los métodos usados en Bagram, ciudad situada a unos 60 kilómetros de Kabul, y con la respuesta militar dada a las muertes.

El expediente Bagram incluye amplios testimonios de que las torturas eran habituales para algunos interrogadores y que los guardianes golpeaban con grilletes a los detenidos con impunidad. Los prisioneros considerados importantes o problemáticos eran también esposados y encadenados al techo y las puertas de sus celdas durante largos periodos, una acción que los abogados del Ejército han calificado recientemente como “asalto criminal”.

El expediente es una muestra de cómo soldados jóvenes, pobremente entrenados, aparecen implicados en abusos. Dos de los casos de torturas ya tienen culpables. Las torturas se han convertido en cargos criminales contra sietes soldados que están detrás de las muertes de los jóvenes afganos Dilawar y Habibullah.

El informe relata la detención y muerte, tras numerosas torturas, del joven de 22 años, Dilawar, conductor de taxi y cuyo único delito fue conducir cerca de la base americana en el momento equivocado. Fue detenido como sospechoso de un ataque a la base.

Cuando llegó al interrogatorio, el intérprete señaló que sus piernas se balanceaban incontrolablemente en la silla de plástico y sus manos estaban entumecidas. Las humillaciones y vejaciones siguieron durante el interrogatorio.

Pasaron varias horas antes de que un doctor viera a Dilawar. Para entonces, estaba muerto. La autopsia señaló que su corazón falló por “las graves heridas en las extremidades inferiores”. Pasaron varios meses antes de que los investigadores del Ejército descubrieran un detalle fundamental: Dilawar era inocente.

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Un sargento hizo este dibujo para describir la forma en que Dilawar fue encadenado.

La historia del joven taxista no es la única que aparece en el informe. El caso de otro detenido, Habibullah, que murió seis días antes en diciembre de 2002, aparece también en el expediente Bagram.

Sospechoso de ser un hermano de un ex comandante talibán, se convirtió, según el informe, en un prisionero insubordinado. El prisionero fue colgado por la cintura del techo de su celda, según testimonios de los soldados. Sin intérprete, se le acusaba de no cooperación, un método tradicional que llevaba a una nueva tanda de golpes y humillaciones.

Tras un interrogatorio, el cuarto día de su detención, Habibullah apareció muerto en su celda, sin que al parecer nadie se preocupara por él. La autopsia reveló abrasiones y magulladuras en pecho, brazos y cabeza. Tenía fuertes contusiones en sus articulaciones.

Torturas por aburrimiento y crueldad

En algunos ejemplos que muestran los testimonios, las torturas se dirigían a conseguir información en los interrogatorios. En otros casos, eran castigos infligidos por guardianes militares. Pero el tormento también procede del aburrimiento, la crueldad o ambos.

Según los oficiales americanos, las dos muertes son casos aislados que fueron investigados. Y la mayoría de los oficiales y los soldados entrevistados en la investigación de Dilawar señalan que la gran mayoría de los detenidos en Bagram eran razonablemente bien tratados.

Sin embargo, “lo que hemos descubierto en el curso de estas investigaciones es que hay gente que violó claramente las normas de tratamiento humanitario”, señala el portavoz jefe del Pentágono, Larry Di Rita.

En algunos documentos de los investigadores del Ejército, los soldados describen cómo una interrogadora pisó el cuello de un detenido postrado y cómo golpeó a otro en los genitales. También describen cómo un prisionero era obligado a rodar por el suelo de su celda besando las botas de sus dos interrogadores.

Otro prisionero era obligado a recoger tapones de botellas de plástico de un bidón lleno de excrementos y agua como parte de una estrategia de ablandamiento para el interrogatorio.

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