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Piratería: del vídeo doméstico al eMule
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IGNACIO ESCOLAR
27 de junio de 2005

En 1984, el acusado era Sony. La industria del cine había demandado a la compañía japonesa por su grabador de vídeo doméstico Betamax. Hollywood argumentaba que el aparatito se usaba para violar el copyright de sus películas y pedía su ilegalización. Afortunadamente para ellas, el Tribunal Supremo estadounidense sentenció que Sony no era la responsable de los delitos que pudieran cometer sus clientes.

Gracias a esta sentencia, la industria del cine gana hoy miles de millones de dólares con el alquiler y la venta de películas. Gracias a esta sentencia, hoy existen los grabadores domésticos de CD y DVD, el iPod, las cámaras de vídeo o los ordenadores personales.

Aunque estas tecnologías también se pueden usar para violar el copyright, la jurisprudencia creada a favor del Betamax protegía a los fabricantes de las demandas. Si el Supremo hubiese condenado a Sony en 1984, la industria tecnológica no se hubiese arriesgado siquiera a desarrollar muchos de sus actuales inventos por miedo a las demandas judiciales, ese extendido deporte estadounidense.

Dos décadas después, Sony ha vuelto a ganar en Estados Unidos otro juicio trascendental en la historia de la tecnología, aunque esta vez la compañía japonesa es el acusador. A través de su productora de cine, MGM, ha conseguido que el Supremo le dé la vuelta al mismo argumento que exculpó al Betamax.

La Justicia estadounidense ha sentenciado hoy que los creadores de las redes de intercambio de ficheros “peer to peer”, como Kazaa, Emule o Grokster, tendrán que responder por los delitos contra el copyright que cometan sus usuarios. A juicio del Supremo, el principal propósito de estas redes es la piratería, por lo que los creadores del invento son responsables aunque existan usos legales para su tecnología.

Tras esta sentencia del Supremo, la batalla judicial de las discográficas y estudios de cine contra las empresas que han creado Grokster o Morpheus puede ser un paseo militar. Hasta hoy, los tribunales ordinarios habían protegido a estas empresas con el precedente del caso Betamax. En el mundo de la tecnología, nada volverá a ser igual. Y no sólo para el “peer to peer”.

Tras esta sentencia, las compañías informáticas tendrán que andar con pies de plomo con cada nuevo invento. Si sirve para violar el copyright y este uso se convierte en el mayoritario, el peso de la ley puede caer desde el cielo.

A efectos prácticos, la decisión del Supremo podría obligar a los fabricantes de software y equipos informáticos a instalar protecciones que impidan la copia en sus equipos.

Habrá un policía en cada ordenador.

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Ignacio Escolar es coordinador de Informativostelecinco.com.
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