|
ÁLVARO GONZÁLEZ
2 de marzo de 2008
Ex candidato del PSOE y ex presidente del Parlamento Europeo, Josep Borrell cuenta con una experiencia privilegiada en el mundo de la política. Durante la campaña socialista en Extremadura para las elecciones del 9 de marzo, el eurodiputado insistió en tachar de "ilegal" la independencia de Kosovo y reivindicó el papel internacional que juega España siempre del lado de la ley. Sin excepciones. Informativos Telecinco ha contactado con él para comentar la actualidad y la política exterior de España.
¿Cómo ve la salud del Partido Socialista a una semana de las elecciones?
Excelente, las fuerzas progresistas de nuestro país están unidas para dar la posibilidad a José Luis Rodríguez Zapatero de continuar la modernización y el desarrollo de España.
¿Cómo se ven los problemas de España cuando se está en Bruselas? ¿Y cómo los ven los europeos? En general ¿qué visión predomina de España?
El paso de España en la UE es visto como la historia de un gran éxito. Estos más de veinte años de integración han sido un éxito extraordinario en lo económico, en lo político y, sobre todo, en lo social.
España ha protagonizado, gracias a la solidaridad comunitaria y al esfuerzo colectivo de todos los españoles, la mayor transformación y modernización de su historia. Y eso es algo tangible para todos los ciudadanos.
|
"En estos momentos en los que Europa se debate entre el ser y la razón de ser, es bueno recordar de dónde venimos y el éxito de nuestra integración"
|
Por ejemplo, hace 20 años, la inflación española superaba el 10% anual, la tasa de paro alcanzaba el 21,6% y el PIB estaba en el 71% de la media comunitaria. Hoy la inflación está en torno al 4%, el paro en el 8,7% y el PIB español en el 93% de la media comunitaria de la Europa de los 15, y casi en el 100% de la media de la Unión Europea de los 25.
España disponía, en 1985, de 2.919 kilómetros de carreteras de gran capacidad, hoy tiene 13.000 kilómetros.
De la mano de nuestra entrada en la UE, vino la apertura definitiva de nuestra economía y una mayor presencia en la escena internacional. Nuestra incorporación representó el afianzamiento de nuestra democracia y colaboró de manera capital a nuestro desarrollo económico y social.
En estos años la realidad social española se ha modernizado profundamente mediante la incorporación masiva y acelerada de las mujeres a la vida laboral activa, la extensión de la educación pública superior, la cobertura sanitaria universal, la implantación de sistemas fiscales progresivos, las leyes sobre la igualdad entre hombre y mujer, etc.
Pero también, España ha aportado al proceso de construcción europea un gran entusiasmo y se ha encontrado siempre a la vanguardia de todos los esfuerzos para conseguir "más Europa": para realizar el mercado único, para lograr el Euro y la Unión Económica y Monetaria, para la creación de un espacio europeo de seguridad y justicia y para avanzar en la cooperación en materia de política exterior que permita que Europa hable con una sola voz en el mundo. Y sin ninguna duda también, España ha aportado a la UE su dimensión mediterránea y latinoamericana.
En estos momentos en los que Europa se debate entre el ser y la razón de ser, es bueno recordar de dónde venimos y el éxito de nuestra integración.
¿Se puede extrapolar el caso de Kosovo a España?
Como argumenta de forma clara y firme el Gobierno español, la secesión de Kosovo es ilegal desde el punto de vista del derecho internacional. Se puede creer que España, como otros, está en contra por consideraciones de política interior. Pero las razones de política exterior son más importantes que la preocupación, legitima, por el precedente que se crea. España, que ha considerado ilegal el ataque a Irak por no contar con el aval de la ONU, no puede, sin perder toda coherencia, aprobar una decisión que viola la Carta de la ONU, el Acta de Helsinki y la resolución 1244 del Consejo de Seguridad, que garantiza tanto la integridad territorial de Serbia como la autonomía de Kosovo.
Y es bueno recordar que cada vez que se ha violado el derecho internacional (Sahara, Timor Oriental, invasión rusa de Afganistán o norteamericana de Irak) se han creado graves y perdurables problemas.
¿La libertad de decisión a la hora de reconocer a Kosovo entre los países de la UE no evidencia un estado de debilidad en la política exterior de la UE?
|
"Europa ha demostrado una vez más que es un poder fragmentado, que no tiene todavía una política exterior común ni siquiera en lo que afecta a los asuntos de su inmediata vecindad"
|
Cuando empezó la dolorosa desintegración de Yugoslavia, alguien dijo: "Es la hora de Europa, no la de EEUU". Pero no fue así. Europa se dividió y, tanto para hacer la guerra como la paz, el liderazgo fue de EEUU. Ahora, 19 años después de que Milosevic anulara su autonomía, Kosovo proclama unilateralmente su independencia. Y Europa se divide de nuevo. La mayoría de sus miembros la apoyan, pero otros, entre ellos España, se niegan a reconocerla por considerarla contraria al derecho internacional y por el riesgo de desestabilización que implica dentro y fuera de los Balcanes.
Pero esta vez salvamos las apariencias. En la UE nadie se ha opuesto al envío de Eulex, 1.500 personas y 1.000 millones de euros, la primera misión de nation building (construcción de un Estado) de la UE, comadrona del nuevo país.
Kosovo no ha sido precisamente un triunfo para Europa. Lo hubiera sido si hubiésemos aprovechado esos nueve años para reconciliar a albaneses y serbios, y hacer posible que vivan juntos, como alemanes y franceses, superando las tensiones nacionalistas, que es lo que permite existir a Europa.
Pero Europa ha demostrado una vez más que es un poder fragmentado, que no tiene todavía una política exterior común ni siquiera en lo que afecta a los asuntos de su inmediata vecindad. Pero ello no nos exime de una gran responsabilidad en la gestión de un proceso que, por acción o por omisión, hemos contribuido a poner en marcha y en el que el Gobierno español, al menos, ha mantenido la coherencia con las grandes decisiones de política exterior que han marcado la pasada legislatura.
En su trayectoria política ¿de qué está más orgulloso? ¿Qué es lo que más le gustó hacer y qué es lo que más echó en falta no poder hacer?
Mi paso por la Presidencia del Parlamento Europeo (PE) ha sido la experiencia reciente más apasionante de mi vida política. La presidencia del PE es una atalaya privilegiada sobre la vida de la Unión Europea y sobre todos los asuntos del mundo globalizado.

Mi mandato estuvo lleno de grandes momentos relacionados con la ampliación de la UE el rechazo al Tratado Constitucional y la búsqueda de soluciones alternativas, las relaciones con nuestros vecinos próximos y más lejanos, y los nuevos problemas de la inmigración, la energía y el terrorismo. Por ello, ejercer la Presidencia del PE ha sido la experiencia más apasionante de mi vida política y no es fácil hacer un balance de la misma
El Parlamento Europeo es la única institución comunitaria directamente elegida por sus ciudadanos, y por ello encarna el principio democrático en la estructura institucional de la UE.
Tras esta experiencia, creo que el PE, símbolo de la democracia representativa europea y embrión de una democracia supranacional, debe continuar mejorando su funcionamiento para contribuir al relanzamiento del proyecto europeo. Éste ya no se seguirá construyendo sin sus ciudadanos, es decir, sin una mayor implicación de sus Parlamentos nacionales y sin un mayor protagonismo del PE.
|