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Guantánamo cumple cuatro años como la gran cárcel de la guerra sucia contra el terrorismo
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11 de enero de 2006

Omar Khadr tenía quince años cuando fue detenido en Afganistán en 2002. Estaba herido de gravedad, según denuncia, pero fue inmediatamente interrogado y maltratado: le negaron asistencia médica, lo obligaron a permanecer en posturas en tensión y, al parecer, utilizaron perros para intimidarlo.

A Omar le trasladaron a Guantánamo y allí le golpearon, le mantuvieron con las muñecas y los tobillos encadenados juntos a un punto fijo en el suelo durante horas, lo expusieron a temperaturas extremas, lo recluyeron en régimen de aislamiento durante periodos prolongados y le amenazaron con violarlo.

Su caso es uno de los muchos testimonios que Amnistía Internacional ha recogido para denunciar la situación de los presos en Guantánamo. Hoy se cumplen cuatro años desde que se abrió esta cárcel y las organizaciones de defensa de los derechos humanos aprovechan el aniversario para recordar sus acusaciones: en Guantánamo se tortura y se retiene a personas sin que se haya demostrado su culpabilidad.

EEUU mantiene a los detenidos en una suerte de limbo legal sin respetar su derecho a la presunción de inocencia. Lo hace porque los considera «combatientes enemigos» o «terroristas» y, por tanto, no merecedores de un juicio justo. Así, Guantánamo y Abu Ghraib se han convertido en el símbolo de la guerra sucia de EEUU contra elterrorismo desde el ataque a las Torres Gemelas del 11-S.


Según la página web de Amnistía internacional, en abril de 2003 un grupo de trabajo creado por el Secretario de Defensa de EEUU Donald Rumsfeld recomienda una serie de técnicas de “contrarresistencia” para su uso con “combatientes ilegales”. Rumsfeld aprueba el uso en Guantánamo de 24 de estas técnicas y se reserva el derecho de autorizar personalmente cualquier otra “técnica de interrogatorio adicional” en casos concretos. El actor Leonardo Sbaraglia ilustra algunas de ellas.


En la base de Guantánamo, al este de la isla de Cuba, se encuentran en estos momentos unas 500 personas detenidas de unos 35 países distintos. Amnistía Internacional afirma que estos hombres no saben cuándo saldrán de allí y que, en ocasiones, durante las torturas, se les dice que nunca abandonarán esa prisión. Por eso muchos de ellos han intentado suicidarse.


Huelga de hambre

Juma al-Dossari, ciudadano bahreiní, es uno de los presos que trataron de acabar con su vida. Sucedió el 15 de noviembre del año pasado, tres días después de haber mantenido la última entrevista con sus abogados. Tras el encuentro con él, los letrados contaron que “la salud física del Sr. Al Dossari estaba tan debilitada que, por primera vez desde que lo conozco, permaneció en una silla de ruedas toda la visita [...] Además, el Sr. Al Dossari, en ocasiones, parecía sufrir una parálisis facial”.

Los abogados apuntaron que la fragilidad de Al Dossari no se debía sólo a las posibles torturas que estaba sufriendo: además, estaba participando en una huelga de hambre que unos 200 detenidos comenzaron el 12 de agosto del año pasado y que todavía continúa. Los vigilantes usan métodos de alimentación forzada, pero los prisioneros cuentan que son tan brutales que en ocasiones empeoran su estado y les causan más sufrimiento.


Menores entre rejas

Omar Khadr, el protagonista de la historia con la que se abría este artículo, es uno de los tres prisioneros que, según Amnistía Internacional, eran menores en el momento de ser puestos bajo custodia.

Omar tiene, precisamente hoy, una cita con la justicia estadounidense: las vistas preliminares ante una “comisión militar”. Según Amnistía, estas comisiones son el instrumento legal que la Administración Bush ha creado para que los prisioneros no tengan un juicio con todas las garantías. En las comisiones militares la acusación puede incluir pruebas secretas, que el acusado no conoce y por tanto no puede rebatir. Además, sus decisiones finales pueden ser vetadas por el Gobierno de EEUU.


Cerrar Guantánamo

Las organizaciones de derechos humanos piden la desaparición de Guantánamo y que EEUU desvele las cárceles secretas que se sospecha que tiene repartidas por el mundo. Sus peticiones se pueden resumir en el testimonio de uno de los presos, Moazzam Begg, ciudadano británico que fue liberado el año pasado:

”No sólo debería Estados Unidos cerrar Guantánamo, sino que además los detenidos tendrían que ser repatriados. Quienes hayan cometido algún delito deberían ser juzgados. Quienes no, deberían ser liberados y compensados, si es que es posible compensarles por el tiempo perdido y por la tortura física y mental que han sufrido durante este tiempo”.

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Una de las torres de vigilancia de EEUU en la bahía de Guantánamo, en el este de la isla de Cuba. Foto: AP.