Informativos Telecinco.com - Sociedad - Un guardia civil imputado afirma que se retiró a la víctima de Roquetas de la calle para evitar su fuga, no por causa de las cámaras
 
Un guardia civil imputado afirma que se retiró a la víctima de Roquetas de la calle para evitar su fuga, no por causa de las cámaras
 Lo que captaron las cámaras del cuartel
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EUROPA PRESS
6 de agosto de 2005

Uno de los ocho guardias civiles imputados por la agresión mortal al agricultor Juan Martínez Galdeano en el cuartel de Roquetas de Mar (Almería) afirmó, en declaraciones a la Cadena Cope, que no se le retiró para evitar que le grabaran las cámaras, sino "para intentar evitar que saliera a la vía pública y se fugara una persona que estaba en un estado peligroso para los demás". Según su versión, el detenido dijo "que se había metido de todo; estaba muy nervioso y alterado".

Según el imputado, en el momento en el que el detenido comenzó a ofrecer resistencia, dio una serie de patadas, una de las cuales alcanzó a una de sus compañeras, "reventándole los dedos" y arremetió contra tres guardias civiles "a base de bocados". Todo ello se produjo cuando los miembros de la Benemérita intentaban reducir a Juan Martínez, según el guardia civil, que afirmó que esta persona arremetió "contra tres compañeros a base de bocados".

Según el imputado, "los compañeros intentaron reducirle, pero era imposible por su gran tamaño", dijo.

En su declaración, señaló que el agricultor llegó al cuartel "alterado y excitado, diciendo que le querían matar porque le perseguían unas personas".

"Le dijimos que se tranquilizara y se sentara en un banco. Seguidamente llegan otras personas que aseguraban que había tenido un accidente de tráfico y que casi había atropellado a un chiquillo", añadió, al tiempo que afirmó que esas personas eran de etnia gitana.

Siempre según la versión del guardia civil, los agentes del cuartel le dijeron que tenían que hacerle la prueba de alcoholemia, momento en el que "se puso nervioso y de golpe empuja a un compañero y sale corriendo, fuera del cuartel pero por el interior, en dirección al lugar donde estaban aparcados nuestros coches y estaban los niños jugando".

Los agentes dieron alcance a Juan Martínez y le consiguieron reducir, tras ofrecer una primera resistencia.

"Son varios compañeros los que le consiguen coger, le tranquilizan, hablan con él un rato y se opta por detenerle por ofrecer resistencia a la autoridad", afirmó.


Tras salir por la puerta del cuartel y en un transcurso de siete metros, Juan Martínez empezó a ofrecer resistencia, "más que antes".

"Se tiró al suelo, empezó a dar patadas y una de esas dio a la puerta de un coche que pilló la mano de una compañera, reventándole los dedos", dijo.

"Además, arremetió contra tres compañeros a base de bocados. Los compañeros intentaron reducirle, pero fue imposible por su gran tamaño", señaló.

El detenido continuó "soltando patadas" mientras intentaban inmovilizarle los pies. En ese momento, un compañero acudió a un centro de salud cercano a pedir un tranquilizante porque el agricultor tenía "una actitud agresiva intentando lesionarse".

Ante esta "actitud imparable" del detenido, se optó por darle la vuelta y llamar a una ambulancia al 061, que les informó de que no había ningún equipo en Roquetas y que la mandaban desde Agualuz.

Finalmente, llegó una ambulancia cuando ya los agentes realizaban técnicas de reanimación al detenido porque no respiraba. Los servicios médicos le intentaron reanimar con el desfibrilador pero, al no tener batería, lo hicieron manualmente.

El guardia civil declaró a la Cope que, aunque no es habitual que al realizar la reanimación manual se rompa el esternón (motivo por el que murió el agricultor), "pudo ocurrir".

Preguntado por la afirmación de la autopsia, que indica que para romper el esternón hace una falta una fuerza desmesurada, el guardia civil dijo: "Necesitábamos un tranquilizante y sólo podíamos inmovilizarle por nuestros propios medios, no teníamos un botiquín para elegir".

Tras afirmar que en ningún momento hubo alrededor del detenido más de cuatro o cinco personas, entre ellos el teniente, señaló que aunque éste último utilizara la porra eléctrica, esta arma no causó su muerte, según la autopsia. "No es un arma prohibida y se puede hacer uso de ella, siempre que las circunstancias lo requieran", dijo.

Fuerza mínima

"Llevo muchos años de servicio y nunca he visto una persona tan agresiva, con tanta fuerza y que sea tan difícil de inmovilizar", afirmó el guardia civil, que añadió que el detenido falleció poco antes de que llegara la ambulancia.

El agente insistió en que los guardias civiles del acuartelamiento sólo usaron "la fuerza mínima" para reducir al detenido, que "intentó agredir a los compañeros" y se autolesionó en los forcejeos.

El guardia civil dijo que "todos" sus superiores les han "vuelto la espalda": "Desde la comandancia e incluso el Ministerio se nos ha negado la presunción de inocencia. Esto es lo que peor llevamos porque no recibimos apoyo a nivel institucional. Tenemos la conciencia tranquila pero la prensa se nos echa encima", afirmó.

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