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Los dominios parásito: hacer dinero con los errores de los demás
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JAVIER SALAS
2 de mayo de 2006

Tras el fenómeno de los 'ciber-okupas' llegan los dominios parásito. Se registran tan sólo por su parecido tipográfico a otros de mucho tráfico o interés (buscadores importantes, webs de medios o con nombres de famosos), con la malintencionada pero astuta intención de aprovechar nuestros errores para hacer dinero.

Estos nuevos pícaros de la red –typosquatter, en inglés-, cuando no pueden 'okupar' el dominio de una marca registran otros 'cercanos', que contienen leves diferencias tipográficas o las más probables erratas -dirney.com en lugar de disney.com- para desde allí hacer negocio con publicidad.

Tiene su lógica. Cuando escribimos un nombre en la barra de direcciones es común equivocarse, por error ortográfico o del tecleo. Alrededor del 15% del tráfico de Internet se genera a través de la escritura directa en la barra de direcciones, en lugar de usar buscadores, que generalmente avisan o sencillamente filtran el error.

Hasta tal punto es común este tipo de errores que existen buscadores específicos destinados a encontrarlos, ya sea en páginas de subastas como en otros buscadores convencionales.

Cómo hacer dinero de este modo

Estos dominios equivocados se convierten en 'granjas de anuncios' -ad farms, en su original acepción inglesa. Se llena la página de publicidad, a veces tan sencilla como la proporcionada por Google o Yahoo, y se espera a que los incautos piquen.

Es probable que esta publicidad tenga la apariencia de un simple enlace a la página que sí nos interesa, invitándonos a clicar para deshacer nuestro error y alcanzar nuestro objetivo inicial. Un simple gesto que puede no suponerle ningún mal al usuario mientras el 'ciber-parásito' ya ha conseguido su objetivo. Este tipo de publicidad de genera rendimientos por cada 'clic'.

El 'tono' más frecuente de estos anuncios suele ser el de los contenidos sexuales explícitos –uno de los mejores anzuelos de Internet. Además estas páginas aumentan considerablemente los riesgos para la seguridad y privacidad de nuestros ordenadores en el ciberespacio.

Un negocio fácil

Tanto fácil puede llegar a ser que no es difícil encontrar 'subastas' de estos dominios registrados, realizadas públicamente y sin pudor.

Uno de los más beneficiados con estas prácticas es el propio Google, el buscador de buscadores, y su famoso y accesible sistema de anuncios. Baste recordar que algo menos de la mitad de los 6.000 millones de dólares que ingresó el año pasado provenía de sus anuncios.

No son pocos los que critican (en inglés) que no esté haciendo lo suficiente para combatir esta anomalía. Salvo cuando le atañe directamente, entonces es fácil verles 'desenfundar' a sus abogados.

La solución para cambiar este escenario, en algunos casos, suele ser la de registrar todos esos 'typo-domains'. Eso es lo que hizo el actual Gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, registrando hasta 10 de las variaciones más habituales de su complicado nombre. O Google, que nos redirecciona hacia su web desde casi todas las variantes erróneas –gooogle.com, gogle.com.

Todas salvo goggle.com –oscuro ejemplo del fenómeno- que nos presenta una sospechosa página de descarga de programas anti-spyware. Curiosa muestra de que ni el más poderoso se libra de los parásitos. Y una evidencia más de que estas anomalías son un riesgo innecesario al que combatir.

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