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“Nadie se puede comunicar, esto es un caos”
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COLPISA
7 de julio de 2005

"La gente se mira a los ojos, algo que no es muy habitual en esta ciudad". Así describe Margarita Sánchez, una madrileña que trabaja para una revista en Londres, el ambiente que se respira en los primeros momentos del atentado.

Explica que el momento de la masacre se encontraba en su casa. "Al igual que la mayoría de mis vecinos, salimos a la calle por si podíamos echar una mano". También relata que desde la BBC se están lanzando continuos mensajes a la población para tranquilizarla. "No ofrecen muchos datos y piden a la gente que se quede en sus casas".

Algunos españoles que se encuentran en Londres han vuelto a recordar las sensaciones que tuvieron tras el atentado de Madrid. Es el caso de Santiago, un zamorano que estudia inglés en una academia y que trabaja de camarero. Afirma que "los ciudadanos se encuentran muy tranquilos y están actuando como si no hubiese pasado nada".

Para él, la única diferencia con un día normal es que no se puede hacer uso del transporte público. "Las televisiones ofrecen muy pocas imágenes y datos de la catástrofe y las intercalan con imágenes del atentado en Madrid".

Ana Almaraz, doctora, trabaja en un hospital de Londres. "Cogí un tren justo antes de que se produjeran los atentados". Ana explica que lo que a su juicio está provocando más descontrol es el corte de las líneas telefónicas. "No se puede utilizar el móvil de ninguna compañía. Nadie se puede comunicar, esto es un caos".

Quejas por la escasa información

Otro punto que recalca esta médico española es los datos que ofrecen por televisión. "No ofrecen informaciones precisas, pero todos estamos empezando a pensar que ha muerto mucha gente".

María Ojeda vende billetes para el 'Original tour', un autobús turístico de Londres en Russell Square. A la vuelta de la esquina está Woburn Place, la calle donde reventó el autobús número 30. "Fueron diez segundos, vi el autobús y en diez segundos explotó".



La guerra de los mundos
Los servicios de urgencias trasladan a una mujer herida.

María, una londinense de padres españoles, y su supervisora subieron al autobús turístico que empezó a salir de la zona. Cuando habían avanzado unos metros la policía especial detuvo el vehículo y obligó a ambas a revisar las mochilas y bolsos de los viajeros.

"Chequeamos las mochilas y le dijimos a la policía que no había nada", dice María. Entonces los agentes obligaron al autobús a abandonar la zona, les hicieron marchar hasta Picadilly Circus, en el centro de Londres y allí las fuerzas de seguridad desalojaron el autobús.

”Lo de Madrid fue peor”

María echó a andar hacia casa. Vive en el este de Londres y es un largo trayecto pero "iba como zombi, todo el mundo andaba por la calle igual, medio ido". Tiene la impresión de que "lo de Madrid fue peor, o al menos aquí se vio peor".

María nació en Londres aunque sus padres son españoles. Desde lejos vivió el 11 de marzo en Madrid donde tiene amigos y familiares. Está asustada porque no sabe lo que va a pasar.

La plaza de Russell Square donde explotó el autobús número 30 es un lugar concurrido de Londres, próximo al British Museum. En los alrededores escuelas de idiomas, librerías y pequeños hoteles. De pronto, como cuenta María, se hizo el caos: "Era muy raro porque parecía que no pasaba el tiempo. Todos intentábamos llamar por el móvil pero no funcionaban", dice María.

La ciudad se quedó paralizada

Después de los primeros momentos de incertidumbre y desorganización no hubo posibilidad de utilizar el transporte, la ciudad se encontró absolutamente paralizada durante gran parte del día y la gente abarrotaba las calles.

pie de la foto Claire Hooks viajaba por la mañana en metro. De pronto en la estación de Waterloo desalojaron su tren. "Nos dijeron que era una avería eléctrica pero yo no me lo creí". Su hermano también iba en metro esa mañana. En King's Cross-gran estación, donde confluyen varias líneas de metro, el tren se paró. No se podía respirar por el humo, algunos viajeros trataban de romper los cristales, otros rezaban.

Cerca de Russell Square, Nora Osta trabajaba el jueves como cada mañana. De pronto se empezaron a oír sirenas. En su oficina se asomaron a la ventana: "Cada medio minuto pasaban miles de ambulancias, coches de bomberos, policía". Los teléfonos no paraban pitar con mensajes que preguntaban si estaban bien. Era imposible contactar con nadie, las líneas saturadas no dejaban de comunicar.

La radio y la televisión instaban a los ciudadanos de la 'city' de Londres a no moverse de donde estuvieran. Había miedo a que ocurrieran nuevas explosiones pero Nora y sus compañeros de despacho decidieron marchar a casa. "En recepción no nos querían dejar salir, pero yo les dije: mevoy a mi casa, bajo mi responsabilidad. Me puse a andar por la calle, había mucho ruido pero parecía que estábamos en silencio".

Al llegar a casa se conectó a internet y mandó un correo electrónico a todos sus conocidos. En su bandeja de entrada encontró uno parecido "estoy bien, es solo para decir que a pesar de las horribles noticias he sido muy afortunada hoy", era de Alicia, una amiga española que vive cerca de Liverpool Station y que casualmente esta mañana decidió ir en bici a trabajar.

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Una pareja espera desolada en una de las estaciones de tren afectadas por los atentados. Foto: AP.
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