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División en la Iglesia sobre la manifestación contra las bodas gays
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INFORMATIVOSTELECINCO.COM
10 de junio de 2005

La Conferencia Episcopal ha difundido un comunicado sumándose a la manifestación contra el matrimonio gay que se celebrará en Madrid el próximo 18 de junio. Sin embargo, no todos en la Iglesia católica española están de acuerdo. Reproducimos el texto íntegro del editorial que ha publicado al respecto en su último número la revista Reinado Social, editada por la Congregación de los Sagrados Corazones, y también el comunicado de la Conferencia Episcopal.

Editorial: ¿Católicos a la calle?

Si el sentido común no lo remedia, las calles de Madrid serán este junio testigo de una manifestación católica. Convoca el Foro de la Familia apoyado por otras organizaciones católicas. “A la calle”, titulaba hace un par de semanas el hebdomadario católico Alba a toda página, en son de zafarrancho de combate.

Nada que objetar en principio: la calle es de todos y las decisiones personales. A ella hemos salido con gusto a protestar, por ejemplo, contra la guerra de Irak (contra la que, por cierto, no se movilizaron quienes ahora lo hacen con tanto fervor). Y, por supuesto, con gusto seguimos asistiendo a muchas procesiones. (Claro que, en este caso, no parece que se nos convoque precisamente a una procesión. Hasta ahora, las procesiones no necesitaban el adjetivo católico ni se organizaban contra nadie, sino sólo como manifestaciones públicas de fe.)

Pero, bueno, no tratamos de valorar aquí la legitimidad o no de esta convocatoria. Que cada palo aguante su vela. Sí nos permitimos hacer, con todo respeto, un par de consideraciones sobre su oportunidad. Ante todo, pensamos que es peligroso dar gato político por liebre religiosa; o sea, so capa de manifestación católica, de desagravio a la Iglesia católica “perseguida”, arrimar el ascua de la fe a la sardina de la política partidista pura y dura. En la medida que se haga, y no faltan señales, eso se llama en castellano engañar y manipular. Y no porque la política de partido no sea noble, que lo es cuando se hace a cara descubierta; pero no lo es tanto cuando se realiza con disfraces y caretas engañosas.

¿De verdad, con el corazón en la mano, y con un análisis mínimamente sereno de la realidad, alguien puede probar que la Iglesia española está perseguida? ¿Están las cosas tan mal como para organizar cruzadas, exacerbar ánimos o más bien para buscar puntos de encuentro?

Por eso mismo, en segundo lugar y sobre todo, nos permitimos advertir del riesgo de convertir en sima la brecha cada vez más profunda dentro de la comunidad católica, con este tipo de manifestaciones. Mientras nos alejamos felizmente de las dos Españas, constatamos con preocupación el riesgo, si no de dos Iglesias, sí el de una polarización peligrosa de posiciones dentro de la Iglesia.

En efecto, en las últimas décadas, casi todos los problemas (Sobre la fe, la moral, la liturgia, las decisiones políticas, económicas, sociales, sexuales y familiares), han sido objeto de interpretaciones de tal manera divergentes por parte de los católicos, no sólo en España, que han conducido a una división intra eclesial quizás sin precedentes en la historia. Así lo reconocía, ya en el 99, el documento preparatorio del Sínodo de los Obispos: “Hay en realidad dos modos diversos de concebir y de vivir la Iglesia que se confrontan y desgraciadamente se contraponen” (Nº 69)

De ahí que, sobre todo después del acontecimiento mediático del relevo papal, la Iglesia Católica proyecte una imagen mezcla de uniformidad casi militarizada (un solo pastor, un solo rebaño, un solo dogma, una sola liturgia… Una tropa superdisciplinada) y de pura anarquía a la vez: cada uno compra o vende lo que le place en el supermercado católico: “Creo en Jesucristo, pero no en la Iglesia”. “Sí en la Iglesia, pero no en la jerarquía ni en los curas”. “Soy católico, pero no practico”. “El sexto me trae al pairo”... Lo más serio de esta imagen de la Iglesia, mezcla de uniformidad y anarquía, es que corresponde a la convivencia, nada pacífica, de dos cosmovisiones profundamente diversas.

Una, patriarcal-dogmática-clerical (de sólo varones) -monárquica e individualista: lo importante es salvar la propia alma, y el criterio de discernimiento del creyente es el grado de ortodoxia. La otra visión del mundo que anima a la Iglesia es diametralmente opuesta, o sea: fraterna-igualitaria-democrática-laica y carismática. La ortodoxia se identifica con la ortopraxis. Nos salvamos en racimo dando de “comer al hambriento…”.

Brecha y división que se visualiza sobre todo en los movimientos eclesiales: mientras unos, más tradicionales y potentes, que enfatizan la ortodoxia, gozan de la simpatía de la Jerarquía; otros, más progresistas, que dan prioridad a la praxis de la justicia, de la paz… tienen una vida menos reconocida y más difícilmente reconocible.

Así las cosas, creemos que es urgente mover ficha, blancas y negras, en este tablero complicado de la Iglesia y el mundo. No valdría la pena preguntarse ¿cómo aparecería la Iglesia ante el mundo si los cristianos nos caracterizáramos por una búsqueda insaciable de justicia y de armonía? ¿Cómo, si nuestras prioridades fueran de verdad vivir en solidaridad con los más pobres de los pobres? ¿Cómo sería la autoridad en la Iglesia si sus líderes supieran que, en definitiva, la autoridad se gana desde la gente, desde la comunidad cristiana? Desde su corazón, no desde la calle.

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Texto íntegro del último comunicado de la Conferencia Episcopal española sobre la próxima manifestación del 18 de junio.

La familia sí importa

Conferencia Episcopal
Madrid, 9 de junio de 2005

La Conferencia Episcopal, a través de su Comité Ejecutivo, ha manifestado en dos ocasiones su juicio claramente negativo sobre la legislación que se prepara en este momento y que supondría una corrupción tal del matrimonio en nuestras leyes, que esta institución vital e insustituible para las personas y para la sociedad dejaría de ser la unión de un hombre y de una mujer. Los obispos, en sus diócesis, han expuesto también la doctrina católica a este respecto de modo nítido y reiterado.

La sociedad, a través de diversas instancias, ha manifestado igualmente su rechazo de una legislación tan injusta y contraria a la razón. Entre las iniciativas sociales propuestas para la defensa de los derechos del matrimonio, de la familia y de los niños, una organización civil ha convocado a los ciudadanos a expresar su apoyo a estos derechos por medio de una manifestación convocada para el día 18 de junio en Madrid bajo el lema de “La familia sí importa”.

La causa es justa. Nos hallamos ante una cuestión de la mayor trascendencia moral y social que exige de los ciudadanos, en particular de los católicos, una respuesta clara e incisiva por todos los medios legítimos. Los fieles laicos responden adecuadamente al desafío planteado cuando hacen uso de sus derechos democráticos a expresar su desacuerdo manifestándose pacíficamente. Es un modo legítimo de cumplir con su deber al servicio del bien común.

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Portada del último número de la revista "Reinado Social", una publicación mensual que se edita desde 1918.
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