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INFORMATIVOSTELECINCO.COM/AGENCIAS
27 de marzo de 2008
La francesa Chantal Sébire, cuyo caso relanzó el debate de la eutanasia en Francia tras haber pedido a la justicia el derecho a morir dignamente, se suicidó con una "dosis mortal" de barbitúricos, según los resultados de los análisis anunciados por el fiscal que investiga el caso. Estaba enferma de un tumor incurable que le desfiguraba la cara y le causa grandes dolores.
La mujer apareció muerta en su domicilio cerca de Dijon el pasado 19, dos días después de que un tribunal le negara su petición de que se le practicara la eutanasia activa.
La autopsia ordenada por el Ministerio Público no había clarificado las causas de su muerte, por lo que Alicchi ordenó análisis complementarios sobre sustancias encontradas en su cuerpo.
Los resultados de estas pesquisas han revelado la presencia en la sangre de Sébire de una cantidad de barbitúricos tres veces superior a lo que se considera una dosis mortal, ha indicado el fiscal de Dijon, Jean-Pierre Alacchi, que ha señalado que se ha abierto una investigación para determinar cómo accedió Sébire a ese barbitúrico que no se vende en las farmacias.
Afectada por un poco común tumor nasal incurable que le provocaba dolores atroces y que le había desfigurado el rostro y causado ceguera, Sébire saltó a la luz pública cuando se dirigió a los tribunales para pedir que le aplicaran la eutanasia activa.
Como ese extremo no está recogido en la ley francesa, los jueces rechazaron su petición, pero su iniciativa reavivó el debate sobre la eutanasia, hasta el punto de que el Gobierno conservador francés ordenó una misión de evaluación sobre la ley de 2005 sobre cuidados paliativos.
La actual legislación francesa permite a los doctores medicar a los pacientes que lo soliciten hasta que entren en coma y, en ese estado, aguardar la muerte, pero no autoriza a aplicar la eutanasia activa. Sébire rechazaba esta propuesta porque quería "morir con dignidad", rodeada de sus hijos, amigos y médicos.
KOD
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