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El nacimiento de Leonor recupera el debate sobre la urgencia de una reforma constitucional
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AGENCIAS
31 de Octubre de 2005

El séptimo nieto de los Reyes de España será con diferencia el más importante de todos los vástagos de los hijos de Don Juan Carlos y Doña Sofía. La niña ocupa ahora la segunda posición en la línea de sucesión, justo por detrás de su padre. Leonor no reinaría si tiene un hermano varón a no ser que se abordase la reforma constitucional prometida por Zapatero para erradicar esa discriminación por razón de sexo.

La reforma de la Constitución que ha impulsado el actual Gobierno, y que goza del apoyo del resto de formaciones políticas, persigue equiparar los derechos de la mujer y el hombre en la sucesión al Trono, y pondrá fin a una situación que se remonta a Alfonso X.

Una reforma que, todo parece indicar, seguirá adelante tras el nacimiento hoy de la primogénita de los Príncipes de Asturias. La primogénita de don Felipe y doña Letizia mantendrá su condición de heredera al Trono hasta el nacimiento de un hijo varón, si es que lo hubiera. En ese caso, perdería esa condición si antes no se reforma la Carta Magna. Nada pasaría en el supuesto de que sus hermanas fueran todas mujeres.

El Rey y el Príncipe de Asturias han coincidido en restar urgencia a la reforma constitucional, y así se pronunciaron públicamente a las pocas horas de anunciarse oficialmente, a comienzos de mayo, el embarazo de la Princesa de Asturias.

"El varón sobre la mujer"

La Constitución de 1978, tras declarar que "la Corona de España es hereditaria en los sucesores de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica", establece en su artículo 57 (apartado 1) que la sucesión seguirá "el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos".

Esa cita a la preferencia del varón sobre la mujer es lo que se pretende eliminar del texto constitucional. La Carta Magna continuaba así con una tradición de la Monarquía española desde "Las Partidas" de Alfonso X El Sabio, que prefería al varón, sin excluir a la mujer, en la sucesión al Trono.

La reforma constitucional pendiente responde al sentir mayoritario de la sociedad española y a la propia filosofía del texto constitucional, que en su artículo 14 deja claro que "los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social".

Durante los últimos meses, expertos en Derecho Constitucional se han pronunciado sobre la reforma en el sentido de que no bastará un mero retoque del artículo 57, haciéndose necesaria la introducción de determinadas prevenciones, a través de una disposición transitoria, para que, si la reforma tiene carácter retroactivo, explícitamente se ampare el derecho sucesorio del único hijo varón de don Juan Carlos: el Príncipe Felipe.

La propia Constitución, en su artículo 168, establece cómo ha de ser el proceso para, entre otros preceptos, modificar el Título II, el que regula todo lo relacionado con la Corona.

Esta reforma deberá ser aprobada por mayoría de dos tercios de las Cámaras -Congreso y Senado-, seguida de la inmediata disolución de las Cortes y la posterior convocatoria de elecciones. Las Cámaras que salgan de las urnas tendrán que ratificar la decisión de reforma "y proceder al estudio del nuevo texto constitucional", que deberá ser aprobado de nuevo por mayoría de dos tercios de ambas Cámaras. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, "será sometida a referéndum para su ratificación".

Compromiso de Zapatero

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció en su discurso de investidura el compromiso de realizar ésta y otras tres reformas constitucionales más, para profundizar en el carácter de cámara territorial del Senado, incluir en la Carta Magna la denominación de las diecisiete Comunidades Autónomas y añadir una referencia a la Constitución europea.

Las cuatro reformas necesitan el consenso de los partidos mayoritarios en ambas Cámaras, consenso que sólo parece existir para poner fin a la discriminación sucesoria, sobre la que ya se han pronunciado favorablemente todas las fuerzas políticas parlamentarias.

Las tensas relaciones entre el Gobierno y la oposición del PP hacen difícil un pacto que permita sacar adelante el lote completo de reformas comprometido por Rodríguez Zapatero. Desde instancias políticas y sociales se ha advertido sobre la inconveniencia de convocar un referéndum con el único propósito de someter a votación la reforma sucesoria, ante el riesgo de que la consulta pudiera derivar en un plebiscito sobre la Corona.

Para dejar fuera de la pugna política la reforma que concierne a la Corona, algunos constitucionalistas han propuesto otras vías más rápidas para llevarla a cabo, mediante ley orgánica. Desde el pasado 4 de marzo, la reforma está en estudio por el Consejo de Estado, que se ha comprometido a redactar un dictamen antes de que finalice el año. Su presidente, Francisco Rubio Llorente, ha comentado en varias ocasiones que hay que "meditar mucho" antes de llevarla a cabo.

Discriminación histórica

La Constitución de 1978, en lo referente a la preferencia del varón sobre la mujer en la sucesión al Trono, seguía la tradición de anteriores textos constitucionales desde 1837, inspirados también en "Las Partidas".

La tradición se vio interrumpida por vez primera en 1713, cuando el Rey Felipe V aprobó la Ley Sálica, que impedía el acceso de las mujeres al Trono y con la que trataba de favorecer su legitimidad.

En 1798, Carlos IV, su nieto, derogó la Ley Sálica mediante la Pragmática Sanción, que no llegó a publicarse. Fernando VII la recuperó años después, dando origen a las Guerras Carlistas, ya que su hermano y heredero, el Infante Carlos María Isidro, quedó excluido de la sucesión en favor de la hija del monarca, que llegaría al Trono como Isabel II.

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