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La descomposición del vestuario del Real Madrid fue el prólogo de la dimisión de Florentino
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INFORMATIVOSTELECINCO.COM
27 de febrero de 2006

A Florentino Pérez se le ha acabado la magia. Para la prensa deportiva, era un mago de los negocios que había convertido al Real Madrid en el equipo en el que todas las estrellas querían jugar. Su impulso modernizador, alejado de la imagen algo rudimentaria de los presidentes de fútbol, traía nuevos aires, pero al final su final ha sido por lo siempre: sin títulos, las estrellas brillan mucho menos.

Las pantallas habituales en el fútbol para protegerse de las críticas de la afición ya no le servían a Florentino. El entrenador era demasiado inexperto como para ser el responsable de los últimos fracasos. El presidente no podía culpar a los jugadores ante la afición, porque ellos eran la base de su proyecto.

Eliminado del puesto Wanderlei Luxemburgo, el entrenador que comenzó la campaña, las críticas de los medios de comunicación se centraron en Florentino Pérez y, por primera vez desde que llegó al puesto, en su modelo de gestión simbolizado en la llegada de fichajes de los “galácticos” a golpe de talonario.

En los últimos días, las declaraciones de Ronaldo y la respuesta de Raúl terminaron por dar una imagen del Real Madrid difícil de encajar para un presidente que presume de haber modernizado al club blanco. Tras la fachada del dinero se escondía un vestuario en descomposición, con sus figuras divididas y más preocupadas por su ego y sus intereses comerciales.

Ronaldo convocó una conferencia de prensa poco antes del partido de la Liga de Campeones ante el Arsenal para anunciar que no se sentía querido por el público del Bernabéu. Los británicos pasaron por encima del Real Madrid, pero el público mantuvo su serenidad y no pagó su frustración con los jugadores.

Unos días después, Raúl pasó factura a su compañero Ronaldo. Le dijo en público, como había hecho el brasileño, lo que en otras circunstancias habría mantenido en privado. El jugador más idolatrado por la afición le dijo al brasileño que había elegido el peor momento posible para expresar sus quejas.

Si no era suficiente con que dos pesos pesados del vestuario esgrimieran en público que tienen ideas diferentes sobre lo que significa ser jugador del Real Madrid, otro miembro de la plantilla –un recién llegado– dejó claro ayer que en el equipo ocurren cosas extrañas.

Sergio Ramos se mostró sorprendido de que tras su gol la celebración en el campo fuera mínima. “Parecía que el gol lo había marcado el Mallorca”.

El impacto de la derrota estruendosa ante el Zaragoza de la Copa quedó mitigado por la reacción heroica en el partido de vuelta, hábilmente orquestada por el departamento de marketing. Los partidos ante el Arsenal y el Mallorca sólo fueron la confirmación de que una temporada más el club más laureado de Europa quedaría muy lejos de los títulos.

Las peleas entre los “galácticos”, los hijos de Florentino, eran otra cosa. El modelo empresarial del presidente del Real Madrid se basaba en traer a los mejores jugadores del mundo con la connivencia de una prensa deportiva rendida a sus pies. Pero si las estrellas estaban más preocupadas por sus contratos publicitarios que por el equipo, y se enfrentaban en público, ¿qué quedaba del proyecto de Florentino?

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