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Iraq: La Constitución sobrevive a la guerra
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17 de octubre de 2005

Pasarán varios días antes de que haya resultados definitivos en el referéndum de Iraq, pero las autoridades dan por hecho que la Constitución saldrá aprobada. No está en discusión el porcentaje nacional de votos, sino si habrá tres provincias que la hayan rechazado con una mayoría de dos tercios. No parece que eso vaya a ocurrir.

Sí podría ser el caso de dos provincias suníes, Anbar y Salahuddin. La clave está en el resultado en Nínive y Diyala, que también cuentan con población suní. Las autoridades estiman en ambos casos que el sí derrotará al no. En el peor de los casos, una victoria del no no llegaría al umbral necesario para rechazar la Constitución.

Según algunos dirigentes locales, en Nínive 350.000 de los 450.000 votos ya contados son favorables al texto. En Diyala, el porcentaje de votos afirmativos ha alcanzado el 67%.

Si estas cifras se confirmaran, significaría que en estas dos provincias un cierto número de votantes suníes habría aprobado la Constitución rechazada por la mayoría de sus líderes. En cualquier caso, es probable que la mayoría de los suníes que se acercaron a los colegios electorales votó en contra.

urnas llenas en Iraq El índice de participación ha estado entre el 63% y el 64%, por encima del 58% de las elecciones legislativas de enero. La diferencia estriba en el voto suní que fue casi inexistente hace diez meses. En algunas provincias del sur shií, la abstención ha sido mayor que en enero, bien porque el resultado estaba cantado en esos sitios o por un aumento del desencanto originado por la incapacidad del Gobierno de poner fin a la violencia.

Al igual que con las elecciones al Parlamento, la votación permite alentar el optimismo sobre el futuro del país, aunque, desgraciadamente, esas esperanzas pueden difuminarse en cuestión de meses. El que los habitantes de Faluya hayan votado en masa contra la Constitución es un avance. Significa que los líderes suníes de este bastión de la insurgencia no han renunciado por completo a participar en el proceso político.

Hay algunos indicios de que los partidos suníes no repetirán en diciembre el boicot al Parlamento de los anteriores comicios. Cuentan al menos con un incentivo: la nueva Cámara contará con una comisión que tendrá la opción de renegociar la Constitución.

Algunos de los artículos más polémicos de la nueva Carta Magna son algo ambiguos. Establece que las provincias en las que hay campos petrolíferos compartirán sus ingresos con el Estado central, pero se desconoce en qué condiciones y con qué porcentajes se realizará el reparto.

Los suníes sospechan que kurdos y shiíes quieren aumentar su autonomía hasta convertir el Gobierno central en una simple representación simbólica del Estado iraquí. Si boicotean el futuro Parlamento, ellos mismos contribuirán a convertir esta profecía en una realidad.

Algunos sectores suníes, feroces críticos de la presencia militar norteamericana y enemigos declarados del Gobierno iraquí, controlado por shiíes y kurdos, comprenden ahora que la estrategia de Al Qaeda perjudica también a los suníes. Entre otras cosas, hace más difícil la salida de las tropas de EEUU.

Incluso dentro de Faluya hay líderes religiosos que no tienen miedo en criticar a la organización terrorista dirigida por Al Zarqaui por haber impuesto con amenazas y asesinatos el boicot a la cita electoral. Denuncian que la violencia de Al Qaeda sólo está sirviendo para aumentar la marginación de los suníes y dejar el campo abierto para que kurdos y shiíes se queden con el monopolio del poder.

Es cierto que algunos de estos comentarios se basan en una ficción: creer que los suníes son la mayoría de los habitantes de Iraq y que pueden seguir imponiendo su voluntad al resto de habitantes del país. No es cierto. Tampoco es realista pretender construir el futuro de Iraq sin contar con los suníes, entre un 20 y un 25% del total, por mucho que una parte de ellos esté dispuesto a apoyar a los grupos armados enfrentados al Gobierno.

Todo estos puntos son alentadores en la medida de que la alternativa sólo puede ser la guerra civil, con todas sus palabras o en la versión atenuada de la que hoy somos testigos.

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Iñigo Sáenz de Ugarte
Editor informativostelecinco.com
Un soldado iraquí carga varias urnas antes de su traslado a Bagdad para el recuento. Foto: AP.
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