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ESTHER MARQUINA
20 de febrero de 2008
Su trabajo es animar la pista, visten de forma provocativa y pasan horas subidas a "la tarima". Son las gogós. No hay una ley que regule su empleo aunque -según el Estatuto de los Trabajadores- deben tener contrato y, en el caso de las menores, disponer del consentimiento de los padres. De no ser así, el empresario podría incurrir en un delito de corrupción de menores.
Acudimos a una discoteca light. Descubrimos que los chicos y chicas que bailan sobre la pista son menores. Algunos sólo tienen 15 años, pero a nadie parece preocuparle esta situación.
Silvia bailó durante dos años siendo menor de edad y cobrando seis euros por sesión. Nos habla de un mundo en el que las consignas son claras: Poca ropa, buen cuerpo y mucho desparpajo.
¿Qué ocurre cuando a estos menores se les permite trabajar a partir de las diez de la noche? No sólo existe una mayor responsabilidad penal. El menor se moverá en un mundo para el que probablemente no esté preparado.
Silvia nos cuenta cómo, entre sus compañeras de escenario, el consumo de alcohol y drogas era algo habitual.
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