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MAY GAÑÁN
25 de febrero de 2008
Los conocemos. Son actores que estamos habituados a ver en el cine, la tele o el teatro. Están en edad de jubilación. Pero muchos continúan trabajando. Aprovechan cualquier oportunidad que les surja para ir mejorando la maltrecha economía que les queda con la pensión que reciben como actores. Porque en la mayoría de los casos, se trata de pensiones muy bajas. En parte debidas a la irregularidad que tiene su profesión, con temporadas de mucho trabajo junto a otras de vacas flacas; y también, según cuentan, porque algunos empresarios para los que trabajaron en su día, no les daban de alta en la seguridad social.
Nos vamos a Tarazona de la Mancha, Albacete, para visitar a María Isbert, la hija del actor Pepe Isbert. Tiene 91 años y lleva casi uno viviendo con uno de sus siete hijos, Alfonso. Perdió su independencia habitual por necesidad. Se le incendió su casa de Madrid en un accidente doméstico y desde entonces su familia decidió que no viviera más sola.
Cobra una pensión de 400 euros y ella asegura que si no fuera por su familia, no podría vivir de ese dinero. Necesita cuidados que ella sola no podría pagarse.
Lo sorprendente es que en su situación, esta mujer que ha hecho más de 300 películas y numerosas obras de teatro, siga pidiendo trabajo. Porque le entristece no estar en activo y porque teme no ingresar bastante dinero en casa.
Como ella, Montserrat Julió, actriz de 79 años, nos cuenta que estando en activo nunca imaginó que al jubilarse le quedaría tan poco. La pensión de Montserrat es de 350 euros. No tiene familia, vive en Madrid y se refugia en la escritura. Sale poco y asegura que, por fortuna, "a medida que uno se hace mayor cada vez necesita menos cosas".
María Isbert opina lo mismo, que "las necesidades se crean". Ambas dicen que llevan mucho tiempo sin comprarse caprichos, ni tan siquiera ropa. Que viven con lo que atesoran hace años. Aunque Montserrat ya sabe lo que es vender y empeñar joyas para sacar un extra del "cajón de los cocodrilos" como ella dice.
AISGE, la asociación que defiende los derechos de los intérpretes, les asigna una pequeña ayuda. Ambas llevan la situación con resignación y sin victimismo. Satisfechas de haber sido actrices; contentas a pesar de todo por la felicidad que les dio esa vida que no cambiarían ni por una pensión más digna.
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