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PILAR BERNAL
3 de marzo de 2008
Las mafias rumanas controlan el 70% del negocio de la prostitución con fines de explotación. Son vendidas en Rumania, engañadas para venir a España y después secuestradas durante meses o años por mafias que les obligan a prostituirse. Jamás terminan de pagar su deuda porque cuando concluye la que tienen con la mafia que las ha captado en primer lugar son vendidas a otra organización criminal.
En la pequeña localidad rumana donde nació María casi no quedan jóvenes, la mayoría, tanto hombres como mujeres, han emigrado a España. Ella fue una más.
Un amigo de unos vecinos le propuso viajar a Madrid para trabajar como interna, no dudó en hacer las maletas y montar en un autocar, acompañada por el mafioso. "Lo hice por desear cambiar un poco la vida de mis hijos de mi familia, por eso me vine a España. Por el camino me quitaron la documentación".
Le dijeron que la habían comprado en Rumania y que, ahora ella tenía que pagar la deuda por el billete, el alojamiento y el trabajo. La controlaban día y noche: "Te sientes como ya se acabó todo, se acabó toda tu vida".
Vigilaban cuanto tiempo estaba con un cliente, lo que comía, cómo vestía, cuándo iba al baño y hasta si sonreía o no, cada error era una paliza: "Te pegaban hasta, por lo menos a mi me han pegado hasta despertarme con agua fría y vinagre, despertarme y volver a empezar a pegarme. Me pedían que dijera la verdad, les decía la verdad y seguían pegándome; hasta llegar a tener todo el cuerpo de moratones, hasta llegar a tener las marcas de las suelas de los zapatos con los que me daban en la espalda: vives con el miedo, siempre con el miedo".
El mismo que pasaba Alejandra, obligada a trabajar como prostituta en un club de alterne de una barrio popular de Madrid. "Las amenazas eran continúas. Un policía que iba por allí llegó a decirme: tú no te acuerdas que aquí en España no te conoce nadie, que puedes aparecer en un descampado y nadie sabe ni quien eres". Logró escapar y es testigo protegido, tras denunciar a la organización rumana que la prostituía pero sigue teniendo miedo.
Testigos a los que nadie protege
La situación de los testigos protegidos en España es muy delicada. No se les protege los suficiente, ni se les da una nueva identidad, además los fondos para ese programa son muy limitados.
El jefe del Grupo de Delincuencia Organizada de la Guardia Civil, Antonio Cortés, es crítico: "Es necesario una disponibilidad económica para ayudar a estas mujeres y a veces nos encontramos con que no es posible darles una nueva identidad, unos ingresos. Es bastante mejorable el programa de testigos protegidos en España".
Mientras, Alejandra o Maria siguen arrastrando su miedo, muy cerca de nosotros, esclavas del siglo XXI que jamás terminan de pagar su deuda.
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