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CARLOS ROLDÁN
28 de marzo de 2008
Sucede en pleno centro de Madrid y casi todos los días. Las aceras se cubren de todo tipo de objetos de segunda mano. Es un mercadillo callejero e ilegal. Entre los vendedores ambulantes surgen otros que se ocultan entre la multitud.
Cargan con bultos repletos de artículos robados. Entre ellos, alimentos perecederos que se venden sin ningún control o productos que requieren la supervisión de un especialista poniendo en riesgo la salud de quienes los compran.
La mayoría de los compradores son jubilados con pocos recursos económicos y que tampoco tienen en cuenta otro riesgo: la compra deliberada de un producto robado es un delito que tiene una pena de hasta dos años de prisión.
Es un riesgo importante para los compradores y también un perjuicio para las empresas. Se estiman pérdidas de hasta 1700 millones de euros al año.
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