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Second Life, una doble vida por 8 euros al mes
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ADRIANO MORÁN
7 de julio de 2006

Second Life es real, tan real como una llamada de teléfono, una videoconferencia o un fajo de billetes, aunque se trata de un mundo virtual que sólo existe en la imaginación de los que lo usan, en las pantallas de sus ordenadores y, cada vez más, en los extractos de sus cuentas bancarias. Registrarse para tener una doble vida digital es sencillo y, en principio, gratuito. En principio porque, hasta que no se paga una pequeña cuota, no se puede comenzar a jugar de verdad.

9,95$ (unos ocho euros) es el precio para entrar en un mundo bastante complicado de entender para los que no estén en contacto con otros fenómenos parecidos, como los juegos online y todo aquello que emule la vida real en lo digital. Desde que introducen su tarjeta de crédito, los usuarios registrados en Second Life -310.000 hasta el momento- pueden hacerse una vida a medida. Ser más altos, más guapos, cambiar de sexo... y comenzar a adquirir inmuebles y servicios para más tarde, si se quiere, revenderlos o alquilarlos.



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En Second Life cada usuario elige su apariencia aunque no, desafortunadamente para la mayoría, el caudal de su cuenta de crédito.


Para ello, Second Life dispone de su propia moneda (los dólares Linden) y de un complicado mercado bursátil que oscila al igual que cualquier otra bolsa mundial.

Lo realmente interesante es que ese dinero virtual tiene una correspondencia real: 300 dólares Linden equivalen a un dólar norteamericano. Gracias a esta correspondencia, el personaje con el nombre chino de Anshe Chung, por ejemplo, hace dinero real con sus propiedades virtuales, que alquila a otros habitantes de Second Life.


Negocios reales en espacios virtuales

Chung ha ganado en la vida real unos 250.000 dólares, según un reportaje publicado en la revista Business Week. Joi Ito, famoso blogger y empresario, dispone de su propia sala de conferencias en Second Life. Una forma, asegura, de ahorrar dinero.

¿Qué valor tiene una propiedad virtual en el mundo del ladrillo? Es sencillo: Second Life ofrece todo tipo de ambientes. Por ejemplo, venden islas para todos los bolsillos. Usted puede disfrutar de una pequeña ínsula de 65 hectáreas por 1.250 dólares o de una de 265 por 5.000. También puede tirar la casa por la ventana diseñando una propia, aunque le costará más.

Cuando hasta Harvard tiene su propio espacio en Second Life, cuando empresarios de todo el mundo adquieren islas como las mencionadas, salas de reuniones, despachos… es por algo. Nunca una idea es estúpida –al menos desde el punto de vista empresarial- cuando atrae al suficiente número de personas a las que desprender de su dinero.

Si hace unos años usted deseaba cerrar un negocio internacional, es probable que decidiera recurrir a una conferencia telefónica múltiple. En la actualidad disponemos también de las videoconferencias. Pero, ¿por qué no, en lugar de eso, reunir a todos sus clientes en un bar virtual rodeado de palmeras en las playas de su propia isla? Sin duda se sentirán más cómodos, ocultos tras la apariencia que han elegido para ser identificados mientras, en la ‘realidad’, están cómodamente apoltronados en su butaca preferida.

Se trata de una nueva forma de relacionarse que, guste o no, está ahí, una suerte de Sionismo Digital que trasciende el mero intercambio de información en Internet. Se ha visto con los chats, con los blogs, con las reuniones periódicas de personas que comparten gustos en la red… Pero el reflejo económico real se está comenzando a explotar ahora. El negocio está ahí, no es la primera vez que se adquieren bienes virtuales con dinero real. De hecho en los videojuegos es bastante habitual el intercambio de iconos (llámese armas, códigos, vehículos, experiencia acumulada) por dinero.

Second Life, fundado en 2003 por Linden Labs, ya ha atraído la atención de empresas ‘serias’ como el banco "Wells Fargo" que ya ha abierto una oficina en una de sus islas. Un consorcioo de 200 empresas, entre ellas Wal-Mart, American Express e Intel, están explorando posibilidades de intercambio de información virtual.

Manifestaciones, su propia publicación, líneas de ropa, servicios sexuales, concursos… Al fin y al cabo, un espejo de la realidad, una segunda realidad.

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Los precios de la vivienda están disparados, y no sólo en el mundo real. En Second Life se pueden comprar o alquilar viviendas o incluso adquirir islas por poco más de 1.000 euros.