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MARÍA LAGO
16 de octubre de 2007
El viernes llegaba el puente del Pilar y con él las incesantes lluvias en el Levante. Localidades como Calpe, Beniarbeig o El Verger han visto como las riadas destrozaban casas, locales y calles. Ahora llega el momento de buscar responsabilidades.
El jueves el cielo comenzó a descargar sobre la costa valenciana y durante la jornada del viernes la lluvia no dio tregua. El agua arrancó la vegetación, destrozó miles de coches, arrasó casas y comercios
En pueblos como Calpe, la playa desapareció para dar paso a una inmensa masa de agua que no dejaba de crecer.
Tras la tormenta, los vecinos intentan volver a la normalidad. El sábado el sol ayudó en esta tarea. Los restaurantes y bares menos afectados abrían sus puertas e intentaban recuperar el tiempo perdido.
"Hemos tenido suerte y nuestro bar no se ha visto muy afectado. Hemos arreglado rápido los pequeños desperfectos y hemos abierto. El viernes estuvimos cerrados todo el día, ahora hay que aprovechar...", contaba la dueña de un bar del paseo marítimo de Calpe.

Por su parte, lo que quedaba de playa se llenaba de turistas que también querían aprovechar lo que quedaba del puente. Cualquier rincón era apropiado para tomar el sol.
Con los primeros rayos del sol del sábado también llegaba el momento de valorar las pérdidas, ponerlo todo en orden, hacer las correspondientes reclamaciones
y buscar responsabilidades.
El problema de las cañas
Entre los afectados los dedos señalan todos al mismo sitio: la Confederación Hidrográfica del Jucar (CHJ). No les culpan de la inundaciones, lógicamente no está en su mano evitarlas. Pero según muchos vecinos, si los cauces de ríos y barrancos hubieran estado totalmente limpios, la riada no hubiera arrastrado tantas cañas.
"Las cañas han taponado los puentes y han provocado el desbordamiento del Girona", cuenta a EFE el alcalde de El Verger, Miguel González, que insistió en que había que revisar la protección dada a las cañas y comenzar a retirarlas de los ríos. A esta voz se ha unido el Consell y señala al Minsterio de Medio Ambiente y a la CHJ como los responsables de la limpieza de barrancos y rios.
Excesivo urbanismo cerca de cauces
Por su parte, la ministra de Medio Ambiente ha salido en defensa de la CHJ. Según Cristinta Narbona, parte de la responsabilidad de las recientes inundaciones recae sobre el exceso de construcciones cerca de los cauces.
Para Narbona, no basta la limpieza si las administraciones responsables de la ordenación y el urbanismo siguen "colmando" de edificios las distintas localidades. Esto dificulta la absorción y obliga a que la lluvia busque los cauces fluviales, que en muchas ocasiones también están edificados.
Está claro que contra la naturaleza no se puede luchar, pero son las distintas administraciones las que deben poner los medios suficientes para minimizar sus efectos.
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