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Un submarino con forma de tiburón, la última forma de acercarse a esta especie
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AGENCIAS
4 de Julio de 2006

Fabien Cousteau, nieto del fallecido Jacques, inició su última expedición oceánica a bordo de un vehículo muy especial: un submarino con forma tiburón que le permitió estudiar y aproximarse de incógnito a los temibles depredadores marinos.

Unos 80000 Euros costó la estructura de casi 5 metros de longitud, con capacidad para un único pasajero y diseñada para parecer y moverse en la medida de lo posible como un gran tiburón blanco.

“Es muy similar a ser el primer ser humano que sale al espacio a bordo de una cápsula espacial”, señala Cousteau, que al comienzo de la expedición incidía en lo novedoso del prototipo: “No tenemos ni idea de qué va a pasar”.

El peculiar submarino se empleó para la elaboración de un documental, Shark: Mind of a Demon, que desmitifica la tradicional visión de los tiburones blancos como asesinos voraces y despiadados.


Del cómic a la realidad

Cousteau llama al submarino “Troy”, en alusión a la mítica estatua ecuestre en la que los soldados griegos se ocultaron para infiltrarse en el reino de Troya.

La idea para el submarino le vino no obstante de una fuente mucho más prosaica. Fue de hecho Tintin, el popular personaje del cómic belga quien le inspiró la forma del vehículo desde la portada de “El tesoro de Rackham el rojo”, en la que Tintin y su perro Milú aparecían en el interior de un submarino de metal con forma de tiburón.

"Tenía 7 años cuando lo leí (el cómic)”, afirma Cousteau, que prosigue: “Se me quedó grabado y finalmente fuimos un paso más allá; no quería que fuera algo rígido, que no se moviera”.

Propulsado por una cola oscilante y cubierto de un material flexible, similar al cartílago, el submarino, creado por el propio Cousteau y un grupo de científicos e ingenieros, se desliza sigilosamente bajo el agua.

El interior, recubierto de acero, está lleno de agua, por lo que Cousteau ha de ir equipado con un traje de buzo con el consiguiente suministro de oxígeno.


Uno más

A pesar de que Cousteau no era muy consciente en el momento de la inmersión de la reacción de los tiburones a la incursión de “Troy” en su espacio vital, el explorador manifestó que parecían actuar con toda naturalidad. Algunos, afirma, incluso agitaban sus agallas o abrían ligeramente la boca ante la visión del vehículo, acciones ambas que se interpretan como señales de comunicación entre los escualos.

Diagrama del submarino de Cousteau


Y aunque algunos sí ostentaron gestos agresivos, ninguno de los animales atacó a la nave.

Una de las razones para esta aparente pasividad podría ser el considerable tamaño de la estructura, por no hablar de la inteligencia de los animales: “Se supone que una especie que ha habitado el planeta durante 400 millones de años es inteligente y superviviente”,dijo Cousteau, “y los supervivientes no corren riesgos innecesarios. Atacar a otro tiburón blanco de tamaño considerable sería un riesgo innecesario”.

Tras el éxito de esta primera expedición a bordo del “Troy”, Cousteau deja el camino abierto a otros investigadores que retomarán su labor: “Hay tanto que aprender de experimentos como este”, dijo, a propósito de la posibilidad de infiltrarse en comunidades animales gracias a iniciativas como la suya.

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Fabien Cousteau abandona el submarino bajo el agua. Foto: National Geographic