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Hallan la tumba de un príncipe celta que demuestra la influencia gala en España
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AGENCIAS
20 de Agosto de 2005

Los dientes de jabalí, los cuernos de un ciervo y las cerámicas encontradas en la tumba de un príncipe celta relacionan el grupo que habitó una fortaleza en el siglo VI antes de Cristo en Fitero (Navarra) con la cultura gala.

El descubrimiento de la tumba lo acaban de realizar los diez miembros del equipo que excava este verano en el yacimiento arqueológico de Peñahitero, un estudio inscrito en el programa Leader +, que dirigen Manuel Medrano y María Antonia Díaz y que cumple su segundo año de campaña.

Medrano, profesor de la Universidad de Zaragoza, explicó en declaraciones a Efe que han encontrado restos de la cabeza del príncipe, los dientes de un jabalí, cerámicas y cuernos de ciervo en una habitación de unos 10 metros cuadrados, muy bien conservada porque encima hubo durante varios siglos una villa románica.

Sus hallazgos confirman, como ya sospechaban desde el año pasado, que "muy probablemente" una parte de la población del norte de la Península Ibérica del siglo VIII antes de Cristo "culturalmente mantenía su origen galo".

Las investigaciones demuestran que no es un poblado de la Edad de Hierro, como es habitual en la península, sino que los restos pertenecen a una gran residencia fortificada de un jefe tribal o militar (príncipe) celta, junto a la que se asientan las viviendas de sus gentes.

La fortaleza donde se encuentra la tumba, y cuya muralla fue descubierta el año pasado, es un recinto de 900 metros cuadrados rodeado por una muro que tuvo 4,5 metros de altura, aunque solo se conservan 3 metros, y 7 metros de espesor con torreones en las esquinas, unas dimensiones desproporcionadas, por lo que los investigadores piensan que se construyó como elemento de prestigio.

En el interior del recinto, los celtas construyeron una habitación rectangular con paredes de piedra, lugar donde se ha encontrado la mandíbula y fragmentos del cráneo del príncipe, del que no se ha hallado el resto del cuerpo, y cuyas piezas dentales confirman que murió a avanzada edad.

En la estancia ha aparecido también la parte superior de un casco de hierro rematada en un largo apéndice para colocar adornos y penachos que confirma el carácter guerrero y la naturaleza socialmente destacada del difunto, pues eran muy caros en la época y solo aparecen en tumbas celtas en contadas ocasiones.

Según Medrano, la singularidad no es haber separado la cabeza del cuerpo, enterrarla mirando al este para que protegiese a los moradores de los peligros y usarla como "elemento mágico protector", ya que los celtas creían que el alma y el poder de una persona residían en la cabeza, sino que al príncipe se le construyera una casa en miniatura dentro de la fortaleza.

La importancia de estos hallazgos es que este tipo de "estructuras sociales" no son "nada habituales" en la península, sino que se trata de un universo cultural que hay que "relacionar mucho más con el mundo galo que con el celtíbero", según Medrano.

El ritual mágico y funerario es puramente céltico y no se conocen casos similares en la Península Ibérica.

La hipótesis que maneja el grupo de Medrano es que el príncipe controlaba la producción de alimentos y la de metal, ya que han aparecido 70 molinos, una cantidad "muy exagerada" para cualquier yacimiento, y hornos metalúrgicos por lo que tenían un "sistema social muy jerarquizado" que mantenía en buena medida la "integridad de las costumbres".

La muralla se encuentra rodeada de lo que se conoce como un campo de piedras hincadas que funciona como sistema defensivo contra los enemigos, ya que las rocas con aristas evitan los ataques a la carrera, pues los guerreros se cortarían los tendones de pies y piernas.

Los trabajos de campo de esta campaña, financiada por el ayuntamiento de Fitero y el Consorcio EDER, terminarán el 31 de agosto para dedicarse al estudio de las estructuras y las casi 11.000 piezas que se han encontrado.

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