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El "síndrome de Marbella": el Mediterráneo se llena de ladrillo
 Vídeo: Recorrido por la costa de Murcia
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BELÉN TOLEDO
4 de abril de 2006

La corrupción descubierta en Marbella tiene proporciones increíbles, pero puede que sólo sea la punta del iceberg de la especulación urbanística. Las noticias que llegan de la costa mediterránea, especialmente de la franja que va de Málaga a Castellón, hablan de una escalada inmobiliaria que transformará radicalmente el paisaje. Entre la población hay quien espera que traiga trabajo para todos, y quien se lamenta de que el medio ambiente se vaya al garete para beneficio de unos pocos.

Juan Antonio Roca, asesor de Urbanismo de Marbella, es conducido a la prisión provincial de Alhaurín de la Torre el pasado 31 de marzo. Foto: EFE. En los últimos meses, ha habido varios escándalos con el urbanismo como protagonista. La historia es casi siempre la misma: las autoridades locales y/o autonómicas respaldan un macroproyecto inmobiliario de una gran promotora, y algunos de los vecinos se unen a los ecologistas para protestar por el proyecto.

Uno de los casos más famosos es el del Algarrobico, en Almería. Es una playa del parque natural de Cabo de Gata, que cuenta con todas las figuras de protección del medio ambiente posibles: Reserva de la Biosfera, LIC (Lugar de Interés Comunitario), Directiva Hábitat de la UE, ZEPA (Zona Especial Protección de Aves), ZEPIM (Zona Especialmente Protegidas de Importancia para el Mediterráneo) e inclusión en Geoparques2000.

Greenpeace lleva años luchando por la paralización de las obras de un hotel de veinte plantas. Los ecologistas dicen que el edificio es ilegal, que se está construyendo gracias al silencio cómplice de las administraciones, y que es el primero de un complejo de ocho hoteles, 1.500 apartamentos y un campo de golf.

El pasado mes de febrero, un juzgado de Almería decretó la paralización de las obras hasta que se aclare su legalidad.


En Murcia hay proyectados 42 campos de golf

Un poco más hacia el norte, en Murcia, es difícil elegir un ejemplo de explosión inmobiliaria. La mayoría de los pueblos de esta región está en plena renovación de sus respectivos PGOU (Planes Generales de Ordenación Urbana). El resultado es que hay 42 campos de golf en proyecto, cada uno con miles de viviendas asociadas.

Sólo uno de los 45 municipios de la región consigue destacar: Alhama, que ha dicho ‘no’ a la macrourbanización de 12.500 viviendas que le correspondía (para una población actual de 18.300 habitantes). El pasado mes de febrero, el Ayuntamiento no aprobó las obras porque una concejala del PP se negó a hacerlo. Provocó una tormenta política en el PP de Murcia y el caciquil enfado de la mayor constructora de la región, Polaris World.


Valencia, amonestada por el Parlamento Europeo

La Comunidad Valenciana no se queda atrás en esta carrera por cimentar cada palmo de tierra. O por lo menos, eso es lo que se desprende de las advertencias del Parlamento Europeo a las Cortes Valencianas para que cambien la LUV, la nueva ley urbanística que prepara esta comunidad.

El Parlamento de la UE pidió en diciembre a las autoridades levantinas que pararan todos los grandes proyectos inmobiliarios mientras que no se modifique el texto de la LUV, en respuesta a las 15.000 quejas -muchas de ellas de ciudadanos de otros países de la UE y residentes en la Comunidad Valenciana- recibidas por la comisión de Peticiones del Parlamento sobre abusos urbanísticos en la aplicación de la LRAU de 1994.


Castellón será un inmenso parque temático

En Castellón, una superficie equivalente a 1.800 campos de fútbol se convertirá en una inmensa zona de ocio: viviendas, restaurantes, balnearios, pistas de esquí, un parque temático y mucho golf. La empresa que lo promueve es la propietaria de Marina d´Or, una zona residencial en Oropesa del Mar compuesta de altos edificios y establecimientos hoteleros que repiten el nombre del complejo hasta la saciedad.

La empresa, llamada Construcciones Castellón, sostiene que el proyecto “será muy respetuoso con el medio ambiente” porque tendrá más de 9 millones de hectáreas de zonas verdes. Pese a que el ayuntamiento de Oropesa aprobó el pasado septiembre las obras, la polémica acompaña al proyecto.

Los ecologistas se quejan de que una de las carreteras que se están construyendo para completar el complejo turístico, el vial Cabanes-Oropesa, cruzará el protegido paraje del Desierto de las Palmas y, en general, que un cambio tan radical del paisaje hipotecará el futuro de la zona.

La costa mediterránea lleva camino de convertirse en una única y alargada ciudad. El interior de la península quedará para quien tenga el estrambótico capricho de ver tierra rústica. Otros tendrán que cruzar el mar.

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