|
Llegaron a la Isla Perejil y consiguieron reducir a los seis marroquies que habían provocado un autentico conflicto diplomático con la ocupación. Fue en julio de 2002 pero hasta hoy no había imágenes del suceso. Imágenes adelantadas ahora por la revista Interviu.
Cuando el soldado español decide sacar la cámara y grabar estas imágenes ya ha amanecido y el islote está controlado. La fuerte brisa ha impedido que los helicópteros Puma se posaran en las rocas y los Comandos han tenido que saltar desde dos metros de altura. Uno de ellos se ha lesionado en una rodilla y es atendido por la Oficial Sanitaria, la única mujer del grupo.
La imagen es muy deficiente y el pulso del cámara tiembla. Los miembros del Equipo, 31, todos oficiales y suboficiales, se han colocado tiras reflectantes en el casco y el chaleco antibalas para que sus propios francotiradores no los confundan en la oscuridad.
Con las alturas tomadas, y asegurada la posición, el cámara graba al primer infante marroquí capturado. Lleva una bolsa blanca en la cabeza y a la derecha de la imagen se observa como un soldado español lleva una bandera marroquí. Dos oficiales comienzan el interrogatorio al brigada al mando del destacamento marroquí. No hay audio. El soldado marroquí, muy delgado, parece asustado y presenta aspecto de estar muy cansado.
Al final, acaba encapuchado, como los otros cinco infantes magrebis a los que se les esposa en el suelo con unas bridas de plástico. Una práctica de cualquier unidad de asalto con los enemigos capturados: privación sensorial y separación entre ellos para que no puedan intentar escapar o comunicarse entre sí.
En Madrid, a esa hora, se recibe la frase más esperada: "Misión cumplida, sin novedad". El despliegue militar español es apabullante. Se controla el estrecho de Gibraltar y los cielos. Los tres helicópteros han lanzado sobre el islote a 40 miembros de la unidad de élite de las GOES contra seis infantes de marina mal armados y que duermen al raso. Es la primera acción de combate real en 28 años.
El Grupo de Operaciones Especailes, en una símbólica e inevitable maniobra en ese tipo de actuaciones, colocan la bandera española en lo más alto de la isla, en un decrépito tronco de arbusto.
Su misión ha acabado. El peñón ha sido controlado ahora por Legionarios llegados de Ceuta. En el interior del helicóptero todos sueltan la tensión acumulada y se felicitan. Sus caras pintadas son todo sonrisas. Los seis soldados marroquíes ya han sido devueltos a su país.
|