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Tratamientos a la carta
La prevención y el diagnóstico temprano son fundamentales para evitar nuevas infecciones y hacer más eficaces y eficientes los tratamiento antivirales. Hoy en el mundo desarrollado muchas personas VIH positivas viven gracias a las combinaciones de fármacos, pero el virus se hace resistente a ellos (el 75 por ciento de los infectados es resistente), hay efectos indeseables como la lipodistrofia (una distribución anormal de la grasa en el cuerpo) y muchos afectados no cumplen los tratamientos.
Mientras la búsqueda de una vacuna terapéutica que permita mantener el número de virus en sangre a niveles bajos sin necesidad de fármacos es todavía un proyecto (el ensayo más avanzado se realiza en Tailanda con 16.000 personas y no tendrá resultados hasta dentro de dos años), llegan nuevos fármacos, con menos efectos.
Uno de ellos es un inhibidor de la proteasa, Duranavir, indicado tanto para pacientes con multirresistencia, como para los que se inician en el tratamiento frente al VIH. Se toma una vez al día en combinación con otros antirretrovirales. Otro de los fármacos, todavía administrado bajo uso expansivo en España (como un ensayo clínico), es Raltegravir, un inhibidor de la integrasa que evita la multiplicación del virus. Su pauta de administración es dos veces al día y se toma también en combinación.
No a la discriminación
Lo que el virus de la Inmunodeficiencia Humana no consigue con prevención y tratamientos, lo logra la discriminación. Según el estudio FIPSE (Fundación para la Prevención y la Investigación del Sida en España) del año 2005 y la encuesta de salud sobre hábitos sexuales 2003, uno de cada tres encuestados no trabajaría o estudiaría con una persona con VIH. Un error que habla de ignorancia sobre la realidad de la infección y de las vías de transmisión que contribuye, según los expertos, a extenderla.
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